Opinión

Civismo y valores para la construcción de la paz

La comunidad es como con un bordado vulnerable ante las violencias que lo fragmentan.

Cuando el tejido social es el que está dañado hay que tomar en cuenta varios factores para su reconstrucción, entre ellos: el reforzamiento de las relaciones familiares, económicas, políticas, la cultura y la educación a favor del respeto, la tolerancia y la cultura cívica. La igualdad y la justicia en dos palabras.

En 2010, nuestro país se vio inmiscuido en una crisis de seguridad derivada de la declaración de la guerra contra el narcotráfico. En ese contexto, un grupo de jesuitas comenzó a trabajar en su planeación apostólica y en propuestas por la tranquilidad social, que iban desde talleres, peregrinaciones, marchas, oraciones, hasta la conformación de una comisión por la paz en el año 2012.


Presentaron, además y junto con la Ibero, un “Esquema de la Fragmentación del Tejido Social” en donde señalaban la individualidad, la separación de unos con otros, la falta de institucionalidad y un proceso donde se desvirtuaron las relaciones con Dios, con la tierra, con los ancestros y con la comunidad, como factores a considerar para la afectación de la buena convivencia. Esos factores tienen vigencia para comunidades creyentes o las diferentes de ellas.

Actualmente, la crisis de la salud, derivada de la pandemia mundial por COVID-19, la crisis económica y la crisis de violencia, han alterado a nuestra calma espiritual como comunidad. Lo vimos claramente con las manifestaciones en Jalisco y en la Ciudad de México, a partir de las cuales ha habido reclamos por abuso policial, pero también se exigió la protección de la ciudadanía, de los medios de comunicación y de los negocios de nuestra ciudad.

Desde entonces, se ha refrescado la discusión acerca de si lo que necesitamos es la reestructuración de la policía, mano dura contra actos vandálicos o una ciudadanía que sea tan buena como algunos vociferantes dicen que debe ser la vida mientras arrojan piedras e insultos a otros.

Es cierto que necesitamos un protocolo, el cual ya es trabajado por la Comisión de Derechos Humanos y el Gobierno de la Ciudad de México, donde se encuentre un justo medio entre la necesidad de la capacitación de los elementos de seguridad, el respeto a los derechos humanos, a los medios de comunicación y a la propiedad privada.

Pero también necesitamos acompañarlo de una intervención ciudadana donde el civismo y los valores hacia los demás, incluso hacia los policías, sea visible.

El pasado miércoles, en el Consejo Ciudadano realizamos la primera sesión de la Comisión “Justo Medio”, integrada por Consejeros Honorarios, empresarios e integrantes de la sociedad civil. Ahí nos planteamos dos preguntas: ¿en qué momento dejamos de ver a los policías con orgullo?, porque trabajan por la protección de todas y todos. ¿En qué momento dejamos de verlos como nuestro modelo de autoridad? Ellos también son parte indispensable de nuestra comunidad. Y además de solicitar mejor capacitación debemos encontrar una motivación para ellos: que su recompensa también sea tener el respeto ciudadano y dignidad por la labor que realizan día a día

Por supuesto, necesitamos un fortalecimiento de la seguridad, que va de la mano del reforzamiento de la institución y la actuación policial. Pero también requerimos una campaña de valores, de fomento a la cultura de paz y a la cultura cívica y la educación de las personas basada en el respeto, en la tolerancia y en el amor al prójimo y respeto a su patrimonio. Y es ahí donde todas y todos, como integrantes de una misma comunidad, podemos contribuir.

*Salvador Guerrero Chiprés es Presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México.

 

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