Historias ciudadanas

Atletas paralímpicos: ejemplo de fortaleza espiritual

Con una sonrisa inspiradora, la nadadora Fabiola Ramírez nos llenó de orgullo. Es la primera atleta en ganar una medalla en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020. Al nacer, fue diagnosticada con artrogriposis múltiple, lo que ocasionó que sus extremidades no se desarrollaran por completo. Eso no le impidió llegar muy alto.

Como ella, otros 60 deportistas mexicanos, y más de 4 mil 400 de todo el mundo, nos muestran que, pese a que exista una limitación física, la fortaleza mental, el espíritu, el acompañamiento familiar y social pueden romper barreras para lograr lo que nos proponemos.

Fabiola es admirable. A los 15 años empezó a entrenar paranatación. Al poco tiempo ​​comenzó a estudiar la licenciatura en Derecho en la Universidad del Valle de México y después la maestría en Administración Pública y Ciencia Política en la Anáhuac. Además se dedica a la organización de eventos infantiles y es emprendedora.


Su historia recuerda también a la de figuras como San Ignacio de Loyola, quien tras una herida de guerra como soldado español, quedó lesionado de una pierna de por vida. Eso no lo frenó para llevar grandes peregrinaciones ni le impidió formar la Compañía de Jesús, una de las órdenes religiosas que promueven la igualdad y el apoyo social para quienes más lo necesitan.

Como publicó el Papa Francisco en su cuenta oficial de Twitter, tenemos que agradecer el ejemplo que nos brindan los atletas paralímpicos como Fabiola, “porque ofrecen a todos un testimonio de esperanza y de valentía”. Eso no debe impedir que la sociedad deje de lado su responsabilidad de transformarse para crear un mundo más incluyente para todas y todos.

En nuestro país hay 6 millones 179 mil 890 de personas con discapacidad y 13 millones 934 mil 448 que dijeron tener alguna limitación para realizar actividades de la vida diaria (caminar, ver, oír, autocuidado, hablar o comunicarse, recordar o concentrarse), de acuerdo con el último censo de INEGI. Es decir, el 16% de la población tiene alguna dificultad motriz o mental.

Si queremos apoyarles para que vayan tras sus sueños, debemos contribuir. Primero tenemos que visibilizar sus necesidades y alzar la voz contra la discriminación o el rechazo. Luego, ayudar a crear un mundo en el que haya apertura en espacios educativos, recreativos, laborales, sin importar si usamos algún aparato o no para desempeñarnos. Por último, tenemos que reconocer sus logros, como lo haríamos con cualquier persona.

Las y los atletas paralímpicos, así como todas las personas con discapacidad, nos brindan enseñanzas sobre fortaleza de espíritu. Participemos de manera comunitaria para garantizar sus derechos y el acceso a oportunidades. Sintámonos orgullosos de ser una sociedad incluyente, en la que todas y todos quepamos.

*Salvador Guerrero Chiprés (@guerrerochipres) es Presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México.

Los textos de nuestra sección de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

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