Opinión

Arte litúrgico, consagrar y dedicar…

Todo lo consagrado en la Iglesia Católica: los inmuebles, bienes muebles, objetos, imágenes, es la riqueza que da sentido y dignifica la belleza artística de lo Sagrado, orientado a las celebraciones litúrgicas, celebración y actualización del misterio pascual.

La Liturgia es “Ars Celebrandi”, la riqueza del Sacramento donde Dios nos da su Gracia para la vida eterna, nos lleva al intrascendente; la escucha de la Palabra que nos lleva a entender y vivir; la belleza y el contenido espiritual de cada uno de los ritos, los signos que nos permiten ver, tocar e incluso alimentarnos de lo invisible; los objetos que expresan la dignidad y sacralidad de lo que sirven y contienen.

“Cosas”, aparentemente pequeñas, que contienen una enorme riqueza espiritual. Medios que nos unen al Dios invisible e intrascendente, ya no por lo que valen en sí, sino por Aquel y a aquellos que Él ama. Nos lleva y nos acerca a poder poseer la vida que de Él recibimos, pues el dador de la vida. Algunas obras que a veces no tienen tanto valor estético o económico, otras con mucho valor, pero siempre son para llevarnos a gozar y contemplar el misterio redentor, por el amor que Dios nos tiene.

La Liturgia de nuestra Iglesia aprovecha todo lo que tiene a su alcance para resaltar, expresar y, sobretodo, realizar el culto verdadero a Dios, dándole lo mejor y lo “más digno”.  Aquí pondría, debe de ser todo bello y digno (incluso práctico). Todo orientado al Culto Divino.

El Arte Sacro tiene, a mi modo de ver, dos funciones inmediatas, la primera, centrada en la Liturgia (preciso, en los 7 Sacramentos y los sacramentales) y, la segunda, lo dedicado a la veneración, devoción, catequesis y la ornamentación.

Dentro de la Iglesia todo debe ir orientado al encuentro con Dios y con nuestros hermanos  los hombres. La Liturgia nos lleva los hombres a “aprovecharnos” de las múltiples gracias  y dones Divinos; lo más maravilloso, la redención y salvación de Dios a los hombres, sus hijos por quienes se entrega y se actualiza el “Misterio Pascual”.

La belleza de la celebración “católica”, se centra en la persona, no tanto en la riqueza de las cosas, sino en el corazón del hombre. El hombre es la obra más bella y preciosa de Dios, por eso somos lo más importante y fundamental para Él, aquellos que peregrinamos en este mundo. Lo primero que debe ser valorado es la persona por encima de las obras surgidas de manos humanas.

La belleza es algo intrínseco y obligado en todas nuestras celebraciones litúrgicas, y lo que se utilice debe ser lo más digno y bello posible; todo debe ayudarnos para tener ese encuentro con Dios y con los hermanos; nos debe orientar a la pastoral, al anuncio gozoso del Reino; es la actualización del misterio salvífico de Dios, en las Celebraciones Litúrgicas.

No toda la riqueza del Arte Sacro está en la Liturgia. Ni todos los actos litúrgicos están  encasillados en el Arte Sacro. El Arte Sacro está al servicio de la Liturgia y la Liturgia no se está supeditada a la visión personal de los artistas, va más allá!

Debemos tomar mucho en cuenta los lugares y espacios litúrgicos; la arquitectura con sentido comunitario lugar de reunión festiva de la comunidad de fieles, Pueblo de Dios. Por lo estético  no sacrificar el espacio de las personas, que son el lugar donde Dios se hace presente, somos templos vivos de Dios. El edificio contiene a la Iglesia y no la Iglesia sustituida por el edificio.

*El P. Salvador Barba es el enlace para la Reconstrucción de los Templos de la Arquidiócesis Primada de México y colaborador de la Dimensión de Bienes Eclesiásticos de la misma Arquidiócesis.

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