Opinión

A un gran llamado, una gran responsabilidad

Cada uno de nosotros es llamado por Dios. Él conoce nuestros caminos y nos inspira la mente y el corazón para que nos convirtamos en esa persona que pensó para cada uno de nosotros.

Cuando hablamos de vocación, no hablamos sobre ese llamado particular a la vida religiosa. Hablamos sobre caminos de vida que cada uno construye de acuerdo a aquello que pensamos que es lo mejor para nosotros, y en donde podremos ser más útiles para los demás.

Y cuando hablamos de vocación, es imperante ver siempre la mano de Dios trazando el camino mientras cada uno va tomando sus decisiones.


¿Qué sería del mundo sin la vocación del artista? Probablemente perderíamos capacidad para admirar la belleza, perderíamos el sentido de la contemplación y la habilidad para expresarnos de la manera más adecuada, en el mejor tono y con la mirada correcta.

¿Qué sería del mundo sin la vocación del empresario? Probablemente perderíamos capacidad para innovar e imaginar el mundo de otra manera. Perderíamos la capacidad de pensar en un “nosotros” cuando el empresario es capaz de aportar tanto al bien común, generando empleos y condiciones de vida digna.

Así pues, cada vocación aporta de manera significativa en la historia de la humanidad. Porque hay algunas cosas que sólo las puedes hacer tú, por tu contexto e historia de vida, por tus experiencias y conocimientos, por tu forma de entender el mundo y las necesidades que tienes en tu corazón.

Hay una vocación que me es especialmente llamativa. No por el renombre ni el título que confiere, sino porque en palabras del papa Francisco: “es la forma más alta de la caridad”. Estoy hablando del llamado a la política y con ello a resaltar la gran labor que se debe realizar.

El político es en gran parte responsable de la construcción del bien común y por ello se habla de la más alta forma de la caridad. Que no sólo algunos tengan acceso a comida, educación y oportunidades, sino trabajar para que todos puedan gozar de estos derechos y en las mejores condiciones.

Cuando hablamos sobre la defensa de la vida, entendemos que el derecho a la vida es el primer derecho humano de todos y sin éste no se puede aspirar a los demás. Por ello, el político en su gran y noble labor, no sólo tiene el deber de tomar las discusiones legislativas concernientes a este tema con la debida seriedad, sino que debe ser un promotor activo de la defensa de la vida. Esta vocación es de servicio y el político es un servidor de la nación.

Un verdadero político ama a su patria y por amor a ella cuida la vida de cada uno de sus ciudadanos. El gran reto de hoy es ayudar al ciudadano a volver la mirada a esta vocación heroica y recordarle al político el gran poder que tiene en sus manos para el engrandecimiento de una nación.

*Alison González es vocera de la organización Pasos por la Vida.

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