Opinión

¿Tienes Biblia, pero no la lees?

¿ Tienes Biblia? A esta pregunta mucha gente responde con un ‘sí’, incluso con un rotundo ‘¡sí, claro!’.

Hay quien conserva la Biblia que le dieron en su Primera Comunión o boda, o que era de un ser querido fallecido, o tal vez la compraron por curiosidad, después de todo es el mayor ‘best-seller’.

Pero viene la segunda pregunta: ¿la lees? Y ahí todo cambia. Comienzan las risitas de los pillados en falta, los pretextos, las justificaciones, las miradas en blanco de los que piensan: ‘¿dónde rayos la puse?’

¿Por qué tantos tienen Biblia pero no tantos la leen? Tal vez porque creen que es aburridísima. Un día lo intentaron, la abrieron, por ejemplo, en la ‘genealogía de Jesucristo’, empezaron animosos a leer la larguísima lista de gentes, y al décimo nombre raro, decidieron mejor esperar a ver la película, y nunca más la volvieron a leer.

A otros les falta motivación. No le ven el caso a leer lo que creen que sólo son historias del pasado.

Se equivocan. La Biblia no es aburrida ni obsoleta, constituye la lectura más apasionante que existe. ¿Por qué? Porque nos habla de Dios, más aún, ¡nos habla Dios!

Leer: Cuatro errores al leer la Biblia

Considera esto: si Dios no nos hubiera revelado Quién es, cómo es, qué piensa, no tendríamos ni idea. Como seres humanos limitados, no podríamos saber nada de Él. Tendríamos que conformarnos, como tantos pueblos a lo largo de la historia, con inventar lo que se nos ocurriera, una mitología producto de nuestra imaginación.

Pero no fue así.

Dios irrumpió en nuestra historia. Desde que creó al primer ser humano, se dignó entablar con nosotros una comunicación personal. A través de hombres que eligió, como Abraham o Moisés, a través de profetas que hablaban de parte de Él, y finalmente, cuando Él mismo se hizo Hombre, Jesús, nos habló y enseñó muchas cosas.

¿Qué puede haber de mayor interés, de mayor relevancia en nuestra vida que conocer la Palabra de Dios, lo que nos dice Aquel que nos creó, del cual dependemos para todo y con Quien nos encontraremos al final de nuestra existencia?

Ningún otro libro, por interesante, profundo, erudito, divertido, popular (o el adjetivo que se te ocurra) que sea, puede comparársele. Leerla no es opcional, es indispensable.

Ahora bien, para hacerlo hay que tener en cuenta que no es un libro cualquiera. Quien comienza en la primera página y sigue de corrido hasta la última, se topa con muchas cosas que no va a entender y le van a desconcertar. Así no hay que empezar a leerla.

Lo primero es tener en cuenta que es una biblioteca, cuyos libros pertenecen a los más diversos géneros literarios y fueron escritos a lo largo de diez siglos por muy diferentes autores. Conviene elegir un libro, leer un poquito cada día y conseguir un buen comentario católico que lo explique. ¿Por qué? Porque la Biblia se presta a distintas interpretaciones, y hay que conocer la correcta. Jesús prometió a Sus Apóstoles que el Espíritu Santo los guiaría a la verdad. Por ello la Iglesia Católica posee, desde el inicio del cristianismo, la verdadera interpretación de la Sagrada Escritura. De hecho fue la Iglesia Católica la que determinó qué libros debían integrar la Biblia.

Como católico, has oído y leído textos de toda la Biblia proclamada en Misa, pero anímate a leerla también en casa. Te ofrezco dos ayudas:

  1. Mi libro ‘¡Desempolva tu Biblia! Guía práctica para empezar a leer y disfrutar la Biblia’, de la editorial Ediciones 72. Responde preguntas básicas: qué es la Biblia, quién puede leerla, cómo, cuándo, dónde, por qué y para qué.

(https://amzn.to/33O31JT).

  1. Cursos gratuitos de Biblia en internet. Cada clase revisa una escena bíblica, la explica y te da pautas para reflexionar, en alrededor de 4 páginas, para leer o imprimir y dar a alumnos. Hay cursos sobre los Evangelios según san Mateo, san Marcos y san Lucas, y sobre Hechos de los Apóstoles (www.ediciones72.com).

Decía san Jerónimo que ignorar la Biblia es ignorar a Cristo. Ya que septiembre es el ‘mes de la Biblia’, aprovéchalo para abrir tu corazón a la Palabra de Dios.