Opinión

Que los que se fueron vuelvan a casa, y seamos una sola Iglesia

Contaba una amiga que cuando falleció su papá, ella y sus hermanos seguían reuniéndose en casa con su mamá. Ahí celebraban cumpleaños, Navidad, año nuevo, y comidas dominicales, y aunque entre ellos hubiera enojos, no faltaban, sobre todo el día de las madres, porque había que festejarla a ella.

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Al morir su mamá prometieron seguirse reuniendo, pero nunca se ponían de acuerdo en dónde y si se juntaban y discutían, como ya no estaba su mamá para meterlos al orden y hacerlos perdonarse, se iban enojados y algunos no volvieron. Luego se vendió la casa familiar y ya sólo se veían muy de vez en cuando, en bodas o funerales y saludaban de lejitos.


Es un caso triste y frecuente. Al faltar la madre, cuando ya no está aquella en la que todos hallan su raíz, a la que pueden acudir en busca de consejo, que los ama incondicionalmente y logra mantenerlos unidos, cada hijo se va por su lado.

Cabe reflexionar que algo parecido ocurrió con la Iglesia Católica, nuestra Madre. No murió, desde luego, pero algunos la abandonaron como si hubiera muerto.

Durante 1500 años todos los cristianos eran católicos. Entonces el monje alemán Lutero en desacuerdo con algunas prácticas que ocurrían en su tiempo, en lugar de resolver el asunto desde adentro, como se venía haciendo desde tiempos de san Pedro, eligió salirse. Abandonó a su Madre, la Iglesia Católica, y muchos lo siguieron. Y sucedió como a la familia de mi amiga. Como ya no tenían quién los mantuviera unidos ni autoridad que reconocieran, en cuanto surgieron las diferencias de opinión, unos se separaron y formaron sus propias iglesias. Y cuando en éstas hubo desacuerdos, otros se separaron. Y así ha sido hasta hoy, en que tan solo en EUA hay más de 50,000 mil denominaciones cristianas, que se supone siguen al mismo Señor y leen la misma Biblia, pero tienen entre sí diferencias irreconciliables.

El diablo, que goza creando división, ha conseguido que todavía no se haga realidad lo que Jesús pidió cuando oró diciendo: Padre, que sean uno como Tú y Yo somos uno.” (Jn 17, 21)

Pero la Iglesia Católica, como Madre que ama a todos sus hijos, cercanos y lejanos, no deja de pedir por éstos y de esperar el día feliz en que por fin todos volvamos a estar reunidos alrededor de su mesa, en el hogar paterno.

Por eso se celebra cada año la “Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos”, que en este 2022 lleva como lema: Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo” (Mt 2,2), tomado del Evangelio, según san Mateo, que narra la visita de aquellos que llegaron de lejos a ver al Niño Dios en Belén.

El octavario va del 18 de enero al 25 de enero, fiesta de la Conversión de san Pablo (y providencialmente incluye el 24 la fiesta de san Francisco de Sales, gran defensor de la fe, que logró la conversión de miles de hermanos separados).

¿Qué hemos de pedir al orar por la unidad de los cristianos? No sólo que nos comprendamos y respetemos, sino sobre todo que los que se fueron vuelvan a casa, a su Madre la Iglesia, que los espera con los brazos abiertos.

En ella encontrarán la verdad revelada por el Espíritu Santo que Jesús prometió enviar. La autoridad que Él le confirió. La Biblia completa. La enseñanza y sabiduría milenaria de los grandes santos que sabrán responder a sus interrogantes y darles algo sólido en dónde asentar su fe. Los 7 Sacramentos. La Una comunidad que intercede por ellos en la tierra y en el cielo, presidida por la Madre de Jesús (otra Madre que abandonaron y que los espera amorosa). Y, lo más importante, lo que la vuelve única e incomparable: encontrarán a Jesús, Vivo y Presente, en Cuerpo y Sangre, Alma y Divinidad, en la Sagrada Eucaristía. Ya no tendrán que conformarse con sólo leer sobre Él o hacer oración. Podrán contemplarlo en Persona, adorarlo, comulgarlo, ¡hacerse uno con Él! Podrán cumplir lo que Él mismo pidió en el capítulo 6 del Evangelio según san Juan.

Oremos, pues (y no sólo en estos ocho días), para que tan anhelada unidad deje de ser un anhelo y se vuelva pronto una feliz realidad.

JMJ



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