La cita bíblica más buscada, leída y releída en 2020

En el año 2020 se incrementó 80% la cantidad de personas interesadas en leer la Biblia, y un versículo en concreto fue el más leído.
El amor según la Biblia. Foto: Dimitri Conejo/Cathopic
El amor según la Biblia. Foto: Dimitri Conejo/Cathopic

La aplicación para leer la Biblia más popular en todo el mundo (YouVersion, The Bible app), que tiene alrededor de cien millones de usuarios, dio a conocer que en el año 2020 se incrementó 80% la cantidad de personas interesadas en leer la Biblia. Y que el versículo más leído y también más subrayado y más marcado (para poder volver a leerlo una y otra vez), fue:

“No temas, pues Yo estoy contigo;
no desconfíes, pues Yo soy tu Dios.
Yo te doy fuerzas, Yo soy tu auxilio,
y te sostendré con Mi diestra victoriosa.” (Is 41, 10)

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Hay que leer siempre los textos bíblicos en contexto, pero este solo versículo causó tal impacto que ha tenido 600 millones de vistas. Vale la pena considerar lo que dice.

No temas,

Lo que vivimos a causa de la pandemia ha llenado de temor a mucha gente, que se levanta cada mañana preguntándose de quién se enterará que enfermó o murió; realiza sus actividades diarias temiendo contagiarse; todo el día recuerda y habla del covid, y por la noche se va a la cama preguntándose si amanecerá viva o sana. Medios de comunicación y redes sociales contribuyen a fomentar el miedo, inundándonos de mensajes pesimistas.

Nos asusta enfrentarnos a nuestra fragilidad, no saber si enfermaremos o moriremos, si enfermarán o morirán nuestros seres queridos. Los no creyentes dicen: acostúmbrate, aguántate o evádete, deja de pensar en eso. Los católicos escuchamos a Dios decirnos: “No temas”. Esta petición es una de las más repetidas a lo largo de la Biblia.

Y no la dice Dios como nos la puede decir alguien que quiere tranquilizarnos asegurándonos que todo saldrá bien, cuando realmente no lo sabe. Sólo Dios puede rescatarnos del temor. ¿Por qué? Lo revela en la siguiente frase:

pues Yo estoy contigo

Dios está con nosotros. Es la razón que le dio el Ángel a María para alegrarse (ver Lc 1, 28), la promesa que nos hizo Jesús antes de ascender al Cielo (ver Mt 28, 26), lo que se nos dice cuatro veces en Misa, en momentos muy significativos. No estamos solos. No enfrentamos la vida solos. Él que todo lo puede, nos acompaña. Tener esa certeza hace toda la diferencia. Nos da felicidad, esperanza, fortaleza, paz.

no desconfíes, pues Yo soy tu Dios

Es decir, no pierdas la confianza, la fe, aunque no entiendas lo que pasa. Decía san Agustín: ‘si entendieras a Dios, no sería Dios’. Confía en que Él tiene todo en Sus manos y sabe sacar bienes de los males, aunque de momento no lo veamos.

Es significativo que el versículo más buscado no fue, por ejemplo: “Él te librara…de la peste funesta…No temerás el espanto nocturno…ni la epidemia que devasta a mediodía. Caerán a tu izquierda mil, diez mil a tu derecha, a ti no te alcanzará.” (Sal 91, 2-3.5-7).

No. La cita bíblica más buscada no fue un versículo que prometiera que Dios impedirá que nos pase algo malo. Sabemos que no tenemos por qué esperar ser la excepción de lo que sucede a todo ser humano. Pero sabemos también que Dios interviene siempre en nuestra vida para bien (ver Rom 8, 28).

Yo te doy fuerzas, Yo soy tu auxilio.

Solos no podemos nada, pero si Dios está con nosotros, somos capaces de enfrentar lo que sea. Tenemos la absoluta seguridad de que nos dará lo que necesitemos para superar lo que nos permita vivir. Decía san Francisco de Sales que Dios, o nos libra de la dificultad o nos da la fuerza para superarla.

y te sostendré con Mi diestra victoriosa

El Señor te recuerda que no sólo te sostiene, sino te sostiene con Su mano victoriosa. Te recuerda que venció el mal, venció la muerte. Lo peor que le puede suceder a alguien no es enfermar o morir, lo peor es soltarse de la mano de Dios, porque tomado de Su mano victoriosa, tiene la seguridad de permanecer con Él, sea aquí o en la eternidad.

Ahora bien, cabe decir que no basta que el Señor esté contigo. Decía san Agustín: “Señor, tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.” Tenemos que estar también nosotros con Él, buscarlo, dialogar con Él, visitarlo, recibirlo, ser conscientes de Su presencia amorosa a nuestro lado y, sobre todo, no soltarnos nunca de Su mano.

 

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