Cristianos no católicos, ¿qué tienen?, ¿qué les falta?

¡Si cristianos católicos y no católicos nos uniéramos, nos haríamos tanto bien mutuamente! 
Unidos en Cristo. Foto: Cathopic
Unidos en Cristo. Foto: Cathopic

Todos los católicos somos cristianos, pero no todos los cristianos son católicos. No todos forman parte de la Iglesia fundada por Cristo. De éstos admiramos su gran entrega para vivir su fe, pero también nos duele saber todo lo que se pierden. Consideremos algunos ejemplos:

1.¿Qué tienen? Inmenso amor a Jesús, su ‘Señor y Salvador’. ¿Qué les falta? No sólo conocerlo por medio de la Biblia o la oración, sino descubrirlo Presente en la Eucaristía, en Cuerpo y Sangre, Alma y Divinidad, para poder contemplarlo, adorarlo, comer Su Carne y beber Su Sangre, Pan de vida eterna y Bebida de salvación. Saber que es real, y no simbólico (lo dejó claro Jesús en Jn 6, 41-66)

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2. ¿Qué tienen? Firme adhesión a la Palabra de Dios. Es notable cómo la recuerdan y la citan. ¿Qué les falta? Saber interpretarla. Cada uno la entiende a su modo, y cae en contradicción y error. La Iglesia Católica fue la que nos dio la Biblia, y la que nos enseña a interpretarla con el Espíritu Santo que Jesús envió para guiarla a la Verdad (ver Jn 14, 26; 16, 13)

3. ¿Qué tienen? Audacia para evangelizar. ¿Qué les falta? No ir por su cuenta; ser enviados por sucesores de los enviados por Jesús; formar parte del cuerpo místico de Cristo y que su labor evangelizadora no se pierda en esfuerzos individuales. Aprovechar de la Iglesia su sabiduría milenaria y unirse a su labor misionera.

4. ¿Qué tienen? Una comunidad muy unida, que se apoya y se ayuda. ¿Qué les falta? Descubrir que cuentan también con una comunidad celestial. Recordar que Jesús dijo que para Dios todos viven (ver Lc 20, 38) y que en el Cielo ruegan por nosotros los santos, de los cuales la más grande es la Virgen María, elegida por Jesús para albergarlo en su seno y a la que nos dio como Madre (ver Jn 19, 25-27). Les falta amarla, venerarla, gozar de su maternal amor e intercesión.

5. ¿Qué tienen? Total confianza en obtener lo que pidan con fe, en especial salud. ¿Qué les falta? Aprender que si alguien no sana no es porque le falte fe, sino porque Dios lo permite, no para lastimarle sino para santificarle, porque puede ayudarle a crecer en amor, humildad, compasión, paciencia. Les falta descubrir que el sufrimiento, aceptado y ofrecido a Jesús, unido al Suyo en la cruz, tiene un sentido redentor. Que hay que pedir con fe, sí, pero añadir, al igual que Jesús: “pero no sea lo que Yo quiero, sino lo que quieras Tú” (Mc 14, 36).

6. ¿Qué tienen? Admiración por quien fundó su denominación o secta. ¿Qué les falta? Conocer la verdadera historia de la Iglesia. Recordar que Jesús dijo que los poderes del mal no prevalecerían sobre ésta (ver Mt 16, 18), así que es falso que al morir los Apóstoles, la Iglesia desapareciera durante 15 siglos. Desde que Jesús la fundó, la ha sostenido sin interrupción.

7. ¿Qué tienen? Gran deseo de cumplir sólo lo que está en la Biblia, y apartarse de todo error. ¿Qué les falta? Descubrir que la Biblia no dice que sólo vale lo escrito en ella, y por tanto también cuentan las enseñanzas que los Apóstoles transmitieron de modo oral. Y algo más les falta: no conformarse con creer lo que oyen sobre la doctrina de la Iglesia, sino informarse, leer el Catecismo de la Iglesia Católica, para descartar las mentiras, prejuicios e inventos que han creído.

La Iglesia dedica del 18 al 25 de enero a orar por la unidad de cuantos creemos en Cristo.

Leer: ¿Qué significa la ‘unidad de los cristianos’ y por qué orar por ella?

¡Si cristianos católicos y no católicos nos uniéramos, nos haríamos tanto bien mutuamente!

Los católicos aprenderíamos de ellos su amor por leer y difundir la Palabra, su idea genial de una escuela dominical, su celo por evangelizar, su calidez para acoger.

De nosotros recibirían los Sacramentos, signos sensibles del amor de Dios que comunican Su gracia eficazmente. Tendrían el gozo indescriptible de participar en la Eucaristía, de tener por Madre a María, y tantas cosas más que por eso hemos de rezar para alcanzar tan anhelada unidad. Que se cumpla lo que Jesús pidió a Su Padre: “Que todos sean uno, como Tú y Yo somos uno, para que el mundo crea” (Jn 17, 21).

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