Cielo y tierra
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Ángeles cotidianos, ¿dónde los encontramos en nuestra vida?

Dios sigue enviando ángeles a ayudarnos. Incluso envía a unos que no lo son, pero lo parecen.
Los ángeles nos ayudan y siguen presentes en nuestra vida. Foto: Cathopic.
Los ángeles nos ayudan y siguen presentes en nuestra vida. Foto: Cathopic.

Llegó la hora de guardar Nacimiento y adornos navideños.

Este año muchas familias cuyos miembros enfermaron o fallecieron no tuvieron ánimo de decorar; otras, para las que la Navidad es sólo temporada de fiestas, como no pudieron hacer ‘pachangas’, no decoraron. Pero en muchos hogares se puso al menos el Nacimiento, para honrar a Aquel que por amor a nosotros se hizo Hombre y gracias al cual tenemos esperanza de volver a encontrar a nuestros seres queridos fallecidos, y disfrutar con ellos la eternidad.


En casa de mis papás, solía poner yo el Nacimiento, y cuando ellos fallecieron, mis hermanos tuvieron la gentileza de regalármelo. Las figuras de la Sagrada Familia son de madera. Mi mamá nunca las guardaba en una caja. Del Nacimiento las pasaba a un librerito con vitrina donde quedaban a la vista todo el año, hasta que otra vez iban al Nacimiento. Allí las acompañaba un ángel tocando cello, la figura más antigua. Lo poníamos en el techo del portal, para que alegrara a todos con su concierto celestial. Desde que las heredé, tampoco yo guardo estas figuras, las dejo todo el año junto a una ventana en mi salita.

Al verlas un día alguien me preguntó por qué que en todos los Nacimientos suele haber un ángel. La respuesta está en la Biblia. Aparecen en los relatos relacionados con el Nacimiento de Jesús: Un ángel le anunció a Zacarías que sería padre de Juan (ver Lc 1, 5-17), precursor de Jesús; un ángel le anunció a María que sería Madre del Hijo de Dios (ver Lc 1, 26-38); un ángel animó a José a no tener miedo de participar en el plan divino y a tomar por esposa a la Virgen de la que anunció el profeta que concebiría al Emmanuel (ver Mt 1, 20-23); un ángel se les apareció a los pastores para alegrarlos con la noticia del Nacimiento del Salvador (ver Lc 2, 8-14), y luego muchos más para dar gloria a Dios (ver Lc 2, 13-14), y según san Juan Crisóstomo, incluso la estrella que guió a los Reyes Magos (ver Mt 2, 9-10), era en realidad un ángel.

Dios se ha servido de ángeles para auxiliar, guiar, orientar, proteger y cuidar a los seres humanos. Lamentablemente hay quien promueve un culto erróneo, viendo a los ángeles como dioses, y a la vez como mascotas a las que podemos nombrar y domesticar. Eso no lo enseña la Iglesia. Ella nos anima a reconocer que los ángeles son seres espirituales, superiores a nosotros, a quienes podemos pedir y agradecer su ayuda.

Este año, al poner las figuras de la Sagrada Familia en su lugar junto a la ventana, reflexionaba en que los ángeles siguen presentes en nuestra vida, y así como leemos en los relatos bíblicos que Dios los envió a ayudar, los sigue enviando hoy. Tal vez no nos damos cuenta porque esperamos que nos deslumbren como a los pastores, pero suelen venir de manera discreta. Por ejemplo, contaba un señor que estuvo hospitalizado, que tenía fiebre y mucha sed pero no había quien le diera agua. Se puso a orar, y en eso entró una enfermera que gentilmente se la dio y salió. Más tarde entró quien solía atenderlo, a ver qué necesitaba. Él le dijo que la otra enfermera ya le había dado agua. Ella extrañada dijo que a esa hora era la única en esa área.

Contó también una viuda reciente que iba en carretera con sus niños y se descompuso su coche. Oscurecía. No tenía señal de celular, quería llorar, pero se pusieron a rezar. Un auto se estacionó detrás. Se asustó, pero bajó un mecánico que ofreció ayuda, reparó el coche gratis y se fue. Cuando ella arrancó y vio por el retrovisor, la vía ¡estaba vacía!

Son anécdotas reales que muestran que Dios sigue enviando ángeles a ayudarnos. Incluso envía a unos que no lo son pero lo parecen, como esa buena mujer que deja diario comida frente a la puerta de una vecina enferma que no tiene fuerza para cocinar. O como quienes organizan acopios para compartir recursos con quienes los pueden necesitar.

Hoy hay mucha gente que se siente muy sola. Debe saber que Dios nunca la ha abandonado. Y necesita abrir los ojos del alma para reconocer los muchos ángeles que Él le ha enviado.

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