Opinión

Ángelus dominical: No dejes tu Corona de Adviento como mero adorno

EL COLOR MORADO de los ornamentos de la Santa Misa indica que ya estamos en preparación para celebrar el Nacimiento de Jesucristo, Dios y Hombre verdadero; así que en los cuatro domingos previos a Navidad, no pierdas la oportunidad de hacer algo especial…

ABRO LOS OJOS y comparto lo que veo: para que algo -¡lo que sea!- resulte “especial” no es necesario gastar cuántos dineros en chunches y tiliches, basta con clarificar el sentido o la intención de lo que hacemos y ya estamos haciendo algo mejor…

Y LO ESPECIAL -desde hoy y hasta después de la cena de Navidad- es que recibas y celebres a Jesús, Hijo de Dios que se hizo hombre en seno de la Virgen María; conque no pierdas de vista lo central, todo lo demás seguirá siendo pasajero…

ME SUGIRIERON QUE cada párrafo de esta columna fuera más corto, y aunque siempre resulta difícil lograrlo, pues una frase corta y llena de sustancia no siempre se da en maceta, pues tomaremos la sugerencia y veremos cuánto aguanto…

DICE EL DICHO QUE “el que paga, manda”; y como si me hubiera mandado el que parecería que paga, también me pidieron que entregue mi columna con mayor anticipación a la ordinaria; en eso pondré mi empeño aunque luego resulte más adelantado a los acontecimientos…

NI SUDES NI TE ACONGOJES queriendo seguir –como si fueran fórmulas de laboratoriolas indicaciones que doquier surgen para elaborar y utilizar la corona de adviento, no se te olvide que es más que una herramienta o instrumento para hacer tu oración familiar: ¡no la conviertas en amuleto ni en artilugio!…

TAMPOCO DEJES tu corona de adviento como mero adorno “divis-divis” (¿me entendiste?) en la mesa de tu comedor o en tu sala; ciertamente el ambiente de Navidad nos empuja a decorar con cierta profusión y novedad nuestros hogares, pero ojalá te libres del consumismo o de la competencia ridícula por convertir la casa en bazar de baratijas “santocloseras”…

TODOS CORREMOS el peligro de ir desplazando el punto central de cuanto tenemos y hacemos, para terminar dándole más importancia a lo secundario, y venga un ejemplo: un sillón confortable o un plato bonito tienen la finalidad de que tú o tu familia los usen y los disfruten, pero en afán de que no se gaste o ensucie, ponemos sobre el sillón una sábana perpetua o dejamos eternamente guardado el dicho plato y ni lo usamos ni lo disfrutamos…

QUE NO SUCEDA, ¡NO!, que por entretenerte en los foquitos de la ventana, en la corona y las velas, en el arbolito, en esferas y moñitos, en los renos de fieltro, en conseguir el bacalao y en apartar el pavo, en ver qué regalos darás, en la piñato-to-ta, en la novedosa receta de ponche estilo tungundú y otras linduras, que NO suceda que te olvides que el Adviento es abrirte a recibir a Jesús y su Reino…

AÑO CON AÑO y desde los primeros días de diciembre, en la Plaza de San Pedro colocan un nacimiento (o belén, como es conocido en España, y en Italia le dicen “presepe” o “presepio”), que esta ocasión es de origen andino, y más concretamente del Perú…

DESDE HACE 40 AÑOS –además- se coloca un tremendo árbol navideño (28 mts. de altura), y en esta ocasión se trata de un abeto rojo (Picea abies) procedente de Trento, en el norte de Italia, en donde dicen que los rurales de aquellos bosques suelen cantar: “Ntant che polsest va a tagliar su legna” (Mientras descansas, corta un poco de leña)…

NO QUIERO PONERME dramático, ni pesimista, ni espeluznante, ni tremendista, pero haciendo eco de lo cantado por los trentinos, me atrevería a tomar alguna previsión diciendo: Mientras llega la cuarta ola, sigue cuidándote y cauteloso; y date cuenta que en Europa se han tomado en serio la pandemia, y más en serio sus precauciones…

SEGUIRÉ REPITIENDO lo que escuché una ocasión y me pareció más que una verdad contundente: que la mejor medicina es la preventiva, que la guerra más bonita es la que no se hizo, que no hay mejor bocado que el que te estás comiendo, que no hay peor lucha que la que no se hace, y añadiría que la mejor pandemia es la que atendimos como Dios manda, o sea: comiendo sanamente…

SUELO COMER VERDURAS y evito refrescos y  botanas en celofán, y aunque no le hago el feo a un queso maduro ni a una sopa de médula, siempre aprovecho los chayotes, betabeles y zanahorias, lo mismo coles, camote, espinacas, berros, brócoli y perejil, tal vez berenjenas, ajos, cebollas, xoconostles y toda suerte de jitomates, lechugas y cucurbitáceas (cucu-quééé???), es decir, calabazas, sandías, pepinos y melones…

 

[email protected]

El padre Eduardo Lozano es sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México.

 

Más del autor: Ángelus dominical. Los castigos divinos no existen

 

Compartir




Publicidad