Opinión

Angelus dominical: La verdad, la justicia y la paz

TRES PUNTOS TOCARÉ hoy, último domingo del mes de julio, que me parecen cruciales y urgentes; y los abordaré con la premura y brevedad que nos da la vida, pues es muy probable que ésta sea la última vez que me estés leyendo, y ciertamente me daría mucha pena el que no se hayan encontrado mis palabras con tus ojos…

CUANDO LA HUMANIDAD no contaba con las herramientas adecuadas para conocer y controlar su entorno en la verdad, recurrió al mito y a la magia; éstos son senderos -casi siempre peligrosos- que no dan más que salidas locales y paliativas, a menudo fantásticas, y tal vez resultaron útiles en su momento (punto uno: necesitamos la verdad)…

PASARON MUCHOS SIGLOS para que los sistemas de justicia avanzaran más allá de un freno a la venganza o estuvieran únicamente sujetos a la voluntad de un líder tribal: ahí están “el ojo por ojo”, o la “ley del más fuerte”; ¡cuántas guerras son consecuencia de una injusticia, del abuso de un dictador, de afán ciego de poder y dominio! (punto dos: necesitamos de la paz y la justicia, estables y claras)…

LOS TEJES Y MANEJES financieros de la actualidad distan tanto del trueque, de la producción de una parcela o granja familiar, de la recolección estacional o la caza oportuna: hoy tenemos esquemas que regulan la economía en niveles micro y macro, ¡por supuesto que son otros tiempos!, y aunque no se ha quedado atrás la mala distribución de la riqueza, sigue siendo necesario el buen control y manejo de bienes de consumo, de modo que nadie pase hambre ni haya quien desperdicie o derroche (punto tres: necesitamos una economía verdaderamente humana)…

LAS COMPARACIONES entre un ayer remoto y un presente galopante podrían seguir, y a nadie se le esconde lo que hemos avanzado en temas de educación, salud, gobierno, arte, comunicaciones, movilidad humana, cultura, entre otros más…

YA ESTÁN DICHOS los tres puntos que tienen un común denominador que no podemos ignorar y que urgía compartirte: necesitamos siempre la verdad, necesitamos crecer en la justicia y la paz, necesitamos consolidar una economía humana; y son tres puntos que se constituyen en motor de cambios y crecimiento, tanto del individuo como de la sociedad…

EL SALMO 85 proclama en tono profético y poético: “La misericordia y la verdad se encuentran, la justicia y la paz se besan, la verdad brota de la tierra”; y hay que decir que tales palabras no son herencia exclusiva de la Iglesia o de quienes leemos la Biblia, pues son manifestación de la aspiración profunda y permanente de la humanidad, son eco que se repite en cada corazón, en cada conciencia, pues ahí es donde habla Dios a cada uno de sus hijos…

Y SI COMO IGLESIA proclamamos y repetimos en oración tales palabras, es porque constituyen una tarea inacabada, es porque siempre hemos de trabajar por esos ideales, aunque llegue a ser difícil y aunque cueste lo que cueste, tal como nos ha costado…

SI COMO IGLESIA planteamos -una vez más- tales palabras a la sociedad en general, es porque seguimos necesitando de la verdad sólida, no de aquella que se tambalea en estadísticas, encuestas o vaivenes de conveniencia; necesitamos de la justicia y la paz de modo abierto y claro, no envueltas en procesos amañados o entresijos de leguleyos, pues por esos caminos se termina condenando al inocente y exonerando al culpable; necesitamos que la economía -doméstica o pública- sea profundamente humana, y no maquillada a gusto del mejor postor, o mareada con meros de analgésicos sociales que toman cara de dádivas y apoyos a los más vulnerables, que terminan por sembrar más de lo mismo que nos ha hecho tanto daño…

PARA ALCANZAR LA VERDAD, la justicia y la paz, o una economía realmente humana, es indispensable la participación de cada ciudadano, sí, pero también es imprescindible la pauta que manejen las diversas entidades de la sociedad: asociaciones, comerciantes, intelectuales, empresarios, gobierno, educadores…

ASÍ QUE ME PONGO más dramático y tremendista (solo por hoy) y vuelvo a decirte que tal vez sea esta la última vez que me estés leyendo y aquí van dos posibilidades: o me muero yo o te mueres tú (¡¿otra vez con ese tema?!); pero mira, tal vez no sea por el coronavirus, sino por lo que menos imagines, que nadie está exento de riesgo…

PERO SI HOY ESTAMOS al pendiente y en proceso de un retorno a las actividades que se han visto afectadas por la emergencia sanitaria, debemos urgirnos -unos y otros- a lograrlo en un ambiente de verdad, de justicia y de paz, de mejor aprovechamiento de cada recurso y de cada momento (eso es una economía muy humana)…

MUY TRÁGICO SERÍA que retomáramos el ritmo para seguir en lo mismo, para llenarnos de mentiras, para aumentar opresiones, injusticias o pleitos, para seguir con despilfarros, tacañerías o pérdidas de tiempo; y aquí le dejo, porque si alguien dice que con lo mismo estaré feliz, feliz, feliz, ciertamente me está mintiendo, me está provocando una injusticia y está perdiendo su tiempo…

 

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