Opinión

Ángelus dominical: La Catedral de nuestro entorno, ese lugar sagrado

JAMÁS IMAGINÉ INICIAR una columna manifestando mi molestia e indignación por algo que no debió suceder en un recinto sagrado tan importante como es una Catedral; y conste que no quiero seguir echándole gasolina al fuego, pero comentaré la infausta noticia para que pongamos atención a dos puntos: todos estamos en riesgo constante de fallar y todos hemos de aprender -hasta en cabeza ajena- de los errores propios o ajenos para mejorar…

LOS HECHOS RECIENTES se pueden sintetizar así: en la Catedral de Toledo se permitió la grabación de un videoclip a ritmo de bachata, con letras que distan mucho de ser una confesión de fe, con bailes que son más propios de ámbitos de salón nocturno que de un templo, y con una pretendida justificación (tal vez eso es lo peor) de apertura a las expresiones culturales de la actualidad…

NO ES LA PRIMERA VEZ que un espectáculo se presenta en un recinto sagrado, ni es la primera vez que alguien mete la pata tan garrafalmente -en una catedral o en cualquier otro sitio-, pero de ahí a querer presentar como un acto de acercamiento a los alejados, o como una estrategia de apertura a expresiones artísticas actuales, pues como que no va…


CORRÍA EL AÑO 1999 y ya estaba en agenda la presentación de una soprano de fama internacional en la Parroquia de Regina Coeli (como parte del festival del centro histórico) cuando la recibí bajo mi responsabilidad, y si bien el programa musical no era ciertamente religioso, tampoco incluía algo que provocara el escándalo; de cualquier modo advertí a los organizadores de la ne-ce-si-dad de presentar algo más acorde a la calidad del recinto para ocasiones futuras…

ME PUSE COMO PERRO -lo confieso con satisfacción pues finalmente atendieron a mis ladridos- y al año siguiente los organizadores llegaron con un programa que resultó ser una catequesis musical escrita en el año 1600 (Rappresentazione di anima e di corpo, de Emilio di Cavalieri), y viendo todo el esfuerzo y gasto que se haría en algo tan bello y especial, pues me puse doblemente perro y les exigí (si: e-xi-gí) que no lo presentaran una vez sino dos, pues además de valer el gusto, también se desquitó el esmero e inversión en tantos músicos, en tantos cantantes, tramoyistas, técnicos, etc., y fue algo muuuuy adecuado para tan bello templo…

Y ME HA TOCADO ver y participar en muchos otros eventos artísticos en recintos sagrados pero jamás en algo que de plano excede la lógica más loca y el sinsentido más insensato; y quiero subrayar que lo grave no es un estilo musical o un tipo de baile, sino la carencia de una finalidad evidente y positiva, constructiva y respetuosa; ¡bueno!, habiendo tantas posibilidades para inventar lo inverosímil, tuvieron que atascarse en manosear la realeza de una realidad tan digna como la Catedral de Toledo…

CUANDO JESÚS EXPULSÓ a los vendedores del Templo de Jerusalén -casi que yo lo vi- no lo hizo por defender unas piedras o un mero sitio litúrgico, sino porque cuando el hombre es incapaz de respetar lo que exterior y públicamente tiene un valor y un sentido, es porque ya ha perdido el valor y sentido de lo que está en el interior y en lo privado…

DEJEMOS A LA CATEDRAL de Toledo y a sus autoridades en su sitio (ya tendrán que corregir, enmendar y mejorar) y vayamos a la catedral de nuestro propio hogar, de nuestro ámbito personal, de nuestro entorno laboral, porque finalmente un lugar empieza a ser santo, digno y bello cuando barremos y trapeamos, cuando quitamos basuras y estorbos, cuando respetamos la mesa para comer y el lecho para el descanso, porque eso de comer en la cama o de dormir en la mesa dará indicio de que estamos enfermos o locos o desubicados…

CON LA GARLOPA o el martillo, con la gubia o el serrucho, ya imagino a José dando cátedra a Jesús: “Mira, hijo, da el golpe firme para que el clavo no se doble; y despeja la viruta con cuidado para que no se te meta en un ojo”; también imagino a María dando cátedra a Jesús en afanes domésticos: “Mira, hijo, arremángate bien la túnica para que te enlodes menos; y utiliza bien el agua, que aunque haya buen pozo no debe haber desperdicio”…

COMO SI FUERAN primas-hermanas o casi gemelas, las palabras catedral y cátedra hablan de la enseñanza autorizada, cabal, noble y generosa que ha de dar el entendido, ya tenga excelso grado universitario, o sencilla y acendrada experiencia campesina, o minera, o ganadera, o panadera, o zapatera; y lo digo porque me gusta aprender de todo el que con gusto me quiera enseñar…

JAMÁS HE IMAGINADO terminar una columna sin algo -aunque poco- que haya aprendido, profundizado o repasado, sin algo que me llene de satisfacción y gozo, sin alguna chispita que imite una estrella y sin alguna nimiedad que me vuelva a lanzar al infinito; y bien sé que aunque no llegue a ganar el Nobel con estas insignificantes líneas, al menos de letra en letra, de palabra en palabra, se va construyendo una minúscula catedral en donde me encuentro con Dios y contigo, o una cátedra en donde aprendo al compartir y en donde -dado el caso- hasta desfogo mi molestia e indignación por lo que ya no me acuerdo ni cuándo o dónde sucedió…

 

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El padre Eduardo Lozano es sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México.

 

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