Opinión

Ángelus dominical: La Candelaria con ánimos renovados

CON ALEGRÍA Y SORPRESA viví el pasado miércoles la fiesta de la presentación de Jesús al templo básicamente por dos hechos especiales: 1) por la asistencia renovada de muchos feligreses –aunque muchos ocasionales- con la imagen de Jesús Niño en sus manos, y 2) por el fallecimiento de Mons. Antonio Ortega Franco…

A DIFERENCIA DE AÑOS anteriores (en que la insistencia era que a su “Niño” le cayera agua bendita) pude percibir una atención y devoción re-no-va-da (así, con énfasis) en las personas que terminaron por recibir el agua bendita como recuerdo y renovación de su fe y su bautismo…

A SABIENDAS QUE –como bien afirman los sociólogos- “las masas no piensan, más bien se moldean a fuerza de amasijos” me dispuse a recibir a quienes en tropel llegaron al templo parroquial y casi sin considerar el riesgo del contagio al que estamos -¡todavía- muy expuestos…

CON UNA ESTRATEGIA sencilla y expedita –pero no por eso superficial- y en diálogo con mis colaboradores más cercanos, pudimos ayudarles a vivir un rato de oración y reflexión, de escucha de la Palabra de Dios y de renovación de la fe; puedo decirte que lo que imaginé como una tarde-noche de riesgo y prisa, la vivimos como una tarde-noche de presencia de Dios y paz en el alma…

COMO DATO PRECISO te puedo contar que prácticamente NADIE me pidió ni me “exigió” que le cayera el agua bendita “a su Niño”, y más bien la recibió cada feligrés con el gusto de presentarse ante Dios con la gran dignidad que nos ha dado desde el día de nuestro bautismo; terminé feliz y no puedo quedarme callado…

A DIFERENCIA DE OTROS fallecimientos, la muerte de Mons. Antonio Ortega Franco me deja con la paz y la alegría de haberlo tratado con la cercanía y confianza que él mismo propiciaba; puedo afirmar –con todas sus letras y con la anuencia de cuántos hermanos presbíteros- que fue “un pastor con olor a oveja” no sólo porque estaba cercano a cuántos feligreses, sino porque caminaba cercano y fraterno con tantos otros pastores que también llegan a oler a chivo…

TE PLATICO QUE una ocasión me ruboricé en menos de medio milisegundo porque aquella viejita -¡qué tierna!- luego de preguntarme si podía darme un abrazo y un beso (la anécdota es pre-pandémica), y después de habérmelos propinado mucho mejor de lo que Dios manda, con ojos de borrega a medio dormir me dijo: “Padre, ¡usted si huele a chivo!”…

CON LA CONVICCIÓN de que no soy tan fodongo, con la costumbre de bañarme más o menos seguido, con la seguridad de que no había almorzado barbacoa, con la certeza de que los ornamentos que portaba estaban modestamente limpios, puse ojos de gendarme despistado y me pregunté de dónde habría yo pescado tal olor; pero la misma señora me devolvió a la paz cuando sonrió añadiendo a su afirmación: “Usted huele como dice el Papa Francisco que deben oler”…

A LA PERFECTA LETRA “O” –monda y lironda- no le hace falta la letra “h” en el verbo oler, de modo que si la acción inicia con “o” –como en el pasado olí o el presente olemos- hemos de guardar la “h”, pero si la acción es presente y comienza con “u”, pues debemos compensar la carencia y escribir huelo; algo semejante con orfanato y huérfano, pero no aplicable a huerto y hortense…

TAMBIÉN CON ALEGRÍA y sorpresa me mantengo a la expectativa de la publicación –en papel- de la revista DESDE LA FE; fue hace dos años y como coletazo de la pandemia que se interrumpió su circulación en mano, y si bien ha crecido la distribución de contenidos formativos e informativos en dispositivos electrónicos y digitales, creo que seguirá siendo realmente necesario no enfocarnos sólo en lo virtualmente posible…

ERAN LOS JUGLARES y trovadores (como los actuales raperos) quienes transmitían noticias y datos de interés popular; con la imprenta aparecieron volantes, panfletos, ¡libros!, periódicos, y parecía que aquéllos terminarían por extinguirse pero ahí siguen; luego incursionó la radio y en torno al aparato radiorreceptor se agrupó la familia para conectarse con el mundo y la letra impresa sigue vigente…

Y LLEGÓ EL CINE, y la televisión, y el disco de vinilo, y los casetes, el CD, y hubo quienes auguraban el desplazamiento de aquellos envases, pero la letra impresa no parece que vaya a tener fecha de caducidad; de ahí que mi alegría y gusto por tener la revista DESDE LA FE -en físico- no merma ni se achicopala, así que disponte a recibirla y -¿por qué no?- también a difundirla (me está llegando un “whatsapp” con dos manitas que aplauden y firmado por Juan Gutenberg)…

 

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El padre Eduardo Lozano es sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México.

 

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