Opinión

Ángelus dominical: Jesús nos envía al Espíritu Santo una y otra vez

PROPUSE ESCRIBIR HOY teniendo como fondo la música escrita por Karl Jenkins para el clásico poema dedicado a la Virgen Dolorosa –Stabat Mater-, como para condolerme por crímenes ingentes que llenan a diario multitud de canales informativos, páginas electrónicas, redes sociales y terminan por hacernos creer que todo va mal, muy mal…

TAMBIÉN ESCUCHO esa música escrita en 2008 y que se suma a las incontables variaciones y versiones del citado poema: bien puedo afirmar que no conozco ningún otro tema que haya sido tomado por músicos de todo tipo, al punto que hay grupos de rock alternativo o del así llamado “heavy metal” que también han aportado su granito de arena para desahogar el dolor del mundo, jamás tan bien sintetizado como lo hizo la Virgen María al pie de la cruz de Jesús…

NO ES MI PROPÓSITO reabrir heridas causadas por la pasada masacre de niños en Texas, más bien quiero subrayar que el dolor sigue surgiendo doquier y siempre, sin contar con la fuerza de los medios de comunicación que rápido capitalizan la nota como si ganar audiencias fuera su único propósito; y luego de volver la mirada a tantas llagas de nuestra dolida humanidad, también me propongo dar una palabra de esperanza y consuelo, una palabra que nos lleve a levantar la mirada y a fortalecer el corazón…




DEJO CLARO QUE mi pobre palabra poco ayuda, más bien retomo la misma palabra de Jesús que siempre preparaba a sus discípulos para abrirse a cosas nuevas, a la Buena Nueva, y así –al vuelo- enhilo las que vienen a mi recuerdo aunque no te dé la cita precisa, y aunque parezca que no hay relación entre ellas: 1) es necesario que el Hijo del Hombre sufra mucho y sea rechazado, le entregarán a la muerte pero al tercer día resucitará, 2) cuando Yo sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí, 3) bienaventurados los que lloran, porque serán consolados, 4) he aquí que Yo hago nuevas todas las cosas, 5) les enviaré al Espíritu y Él les ayudará y los conducirá a la verdad plena…

LA PROMESA DE JESÚS fue enviarnos al Espíritu Santo, y nos lo envía una y otra vez -¡y tantas veces sin que sepamos o sintamos cómo!-, y que si no fuera por el Espíritu de Dios yo no sé de dónde más sacamos semejante fuerza para superar reiteradas dificultades…

LA SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS marca en el año litúrgico un acontecimiento que dio origen e impulso a la Iglesia, pero nos recuerda la acción constante, ininterrumpida, siempre creciente, del Espíritu sobre toda la humanidad, y no solo sobre los creyentes; y si acaso afirmamos una “supremacía” ojalá no la entendamos como superficial privilegio sino como profunda responsabilidad…

MUY CIERTO QUE por el bautismo somos constituidos como hijos de Dios, y que al recibir el sacramento de la confirmación somos sellados con el Don del Espíritu, pero los sacramentos no son el camino exclusivo e indispensable para que Dios realice su salvación doquier y siempre (¡faltaba menos!)…

NUESTRO MUNDO TODO, y más en concreto quien nos rodea en el vivir cotidiano, necesita el evangelio del consuelo y la misericordia -¡sí!- pero también el evangelio de la esperanza y la alegría, el evangelio que no solo sana las heridas como lo hizo el samaritano, sino el evangelio que nos hace ver el cielo cercano, como cuando dijo Jesús: Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso…

ES COMÚN QUE autoridades y celebridades den sus palabras de repudio a todo tipo de violencia y que reclamen justicia, pero a quienes creemos en Jesús nos urge ver y ayudar a entender que todo sufrimiento humano desemboca en la eternidad de Dios, que si bien nos parece humanamente incomprensible y hasta indignante, a los ojos de Dios nadie se pierde, nadie queda al margen de su amor…

PRECIOSO EL SALMO 72, particularmente el versículo 14, en donde se afirma contundentemente: Librará al pobre que suplica, al afligido que no tiene protector, Él rescatará de la violencia sus vidas, pues su sangre es preciosa ante sus ojos; y tales palabras no nacen de la lógica humana, sino de la infinita voluntad salvadora de Dios…

SIGO ESCUCHANDO el Stabat Mater, y sigo contemplando que la Santa Madre de Jesús estaba -¡también!- junto a los discípulos reunidos en oración y en espera del Espíritu Santo, como si se tratara de la contraparte de la Encarnación (¿anticipo de Pentecostés?), como si Santa María volviera a decir: “Yo soy la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”, y así se dispusiera a darnos a Jesús ya no en la blancura de los pañales, sino en la barca frágil de la Iglesia naciente…

 

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El padre Eduardo Lozano es sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México.

 

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