Fundación Lázaro: Un hogar para los ‘sin techo’ en la Ciudad de México

¡Quien salva una vida, salva el mundo!, bajo este ideal fue inaugurada la primera casa en México de la Fundación Lázaro, para personas en exclusión social.
Monseñor Héctor Perez dio por inaugurada la Fundación Lázaro, hogar anexo a la Parroquia Santo Cristo de la Agonía.
Monseñor Héctor Perez dio por inaugurada la Fundación Lázaro, hogar anexo a la Parroquia Santo Cristo de la Agonía.

El pasado 1 de mayo, monseñor Héctor Mario Pérez, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de México, acudió a la Parroquia Santo Cristo de la Agonía para inaugurar formalmente la Fundación Lázaro, un hogar colaborativo para personas en situación de exclusión social.

El hogar, instalado a un costado de la Parroquia, tiene cupo para cinco personas desfavorecidas socialmente, que buscan genuinamente un cambio de vida, quienes compartirán espacios de tiempo completo con el mismo número de voluntarios, mismos que habrán de convertirse en su familia.

Aunque el corte de listón se hizo recientemente, en Fundación Lázaro desde hace meses había ya un residente, al que por estos días se le sumarán otros tres. En cuanto al número de voluntarios, ya hay dos, quienes fueron elegidos por sus valores cristianos y su entrega desinteresada en el servicio al prójimo.


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La medicina infalible: el amor

La Fundación Lázaro fue inaugurada con una Santa Misa presidida por monseñor Héctor Mario Pérez, quien durante la homilía se congratuló de la labor que están haciendo los directivos de este hogar, quienes, “por su gran corazón, han podido ver a estas personas relegadas socialmente como lo que son: hijos amados del Padre”.

Señaló que cuando una persona ha sido rechazada de diferentes maneras, a veces renuncia a la posibilidad de seguir adelante, y la única manera de rescatarla es dándole la medicina que no puede ser mala: volverla a mirar a las ojos y tratarla con dignidad.

Monseñor Héctor Mario Pérez en la Misa de inauguración de la Fundación Lázaro.

“Nunca es el odio -agregó-, ni el castigo, ni el rencor, ni el desprecio, ni la indiferencia lo que puede transformar el corazón de esa persona, sino el amor que se le brinde. El amor puede empezar a despertar una vez más esa semilla que Dios había sembrado en él”.

Señaló que en el camino uno puede encontrarse con personas que se presentan como vagabundos, gente que ha extraviado la ruta. “Pero que no nos confundan sus apariencias, porque el corazón no ha cambiado, el corazón sigue siendo de Dios y todo lo que necesita es que alguien vuelva a creer en él para ponerse nuevamente en pie”.

Los voluntarios de Fundación Lázaro

Fernando García tiene 26 años; ha tomado la decisión de ser voluntario en la Fundación Lázaro y dedicar su tiempo a los residentes, convirtiéndose para ellos en esa familia que un día perdieron y que los llevó a extraviar el rumbo en la vida.

Fernando García, de 26 años, es uno de los dos voluntarios con que actualmente cuenta la Fundación Lázaro.

“Anteriormente -señala Fernando-, yo colaboraba con un apostolado llamado “Luz de la calle”, trabajando con personas sin hogar, y ahí conocí su realidad: son personas vulnerables, que además de que les hace falta cosas materiales, necesitan quien les hable del amor de Dios”.

Fernando no ha pensado en el tiempo que permanecerá en Fundación Lázaro, pues prefiere que sea Dios quien se lo indique. “Pienso más en lo que debo aportar. Me siento muy emocionado, pero también con cierto temor, pues tendré una gran responsabilidad: la de hacer en algo en este tiempo para lograr que en los residentes se vea reflejado realmente un cambio”.

Eugenio Amézquita cuanta con 35 años, y antes de tomar la decisión de ser voluntario en la Fundación Lázaro, hacía labores de apostolado con personas en situación de calle en la Parroquia de La Soledad (en el barrio de La Merced).

David Lázaro, Israel Reyes y Lázaro Molina harán familia con los voluntarios. Foto: Alex García.

“Me ofrecieron ser voluntario en Lázaro -señala Eugenio-, y tuve que pensarlo mucho, ya que aquí se ayuda a las personas de manera diferente; hay que convivir con ellas en horarios y de la manera como se convive en familia, de manera que esto será para mí una experiencia totalmente nueva, pero estoy muy confiado en Dios”.

Por lo demás, Eugenio señala que no siente que esté dejando algo allá afuera, porque no hay ningún impedimento para salir. “Viviré en Lázaro -señala-, pero podré visitar a mis padres en su casa, seguiré yendo a trabajar; y aunque ahora estaré alejado de mis hermanos, en realidad parece también una oportunidad para acercarme a ellos”.

Fundación Lázaro, testimonio de amor

Tatiana Galindo, quien está al frente del proyecto en México, platica que la Fundación Lázaro nació en el año 2006 en Francia, y posteriormente se fue extendiendo a otros países con el objetivo de impulsar hogares colaborativos para hombres y mujeres en situación de exclusión social.

Explica que, de acuerdo con la experiencia de los hogares “Lázaro” en naciones países europeos, los residentes necesitan aproximadamente dos años para poder reintegrarse a la sociedad; sin embargo, su permanencia en el hogar no se ajusta estrictamente a ese lapso, puesto que cada uno vive un proceso diferente, y a algunos les puede llevar más tiempo.

Monseñor Hector Pérez, con parte del equipo de la Fundación Lázaro y tres de los residentes.

“En cuanto a los voluntarios, se elige a jóvenes de entre 25 y 35 años, que sean generosos y tengan un gran corazón, que deseen ayudar a otros y sean un testimonio cristiano para las personas que van a vivir aquí. Generalmente, los voluntarios llegan a vivir en “Lázaro” entre un año y 18 meses”.