Tortitas de camarón, la deliciosa creación de un ‘alma mortificada’

Aquella monja quería alcanzar la santidad a través de la sencillez al comer, y fue así como logró las deliciosas tortitas de camarón.
“¿y qué tal sabe?”. “¡Bueno y muy sabroso!”
“¿y qué tal sabe?”. “¡Bueno y muy sabroso!”

La cocina mexicana debe la creación de las tortitas de camarón a un “alma mortificada”: sor Sebastiana Josefa de la Santísima Trinidad (1709-1757), de quien fray Joseph Eugenio Valdez (su biógrafo), escribió que deseaba alcanzar la santidad a través de la frugalidad en el comer, así que tenía votos de no probar dulce ni algún platillo digno para el paladar.

Sor Sebastiana -refiere fray Valdez- comía hierbas de las primeras que encontraba en el huerto, las más veces crudas, y otras que cocía en agua de tequesquite. Eso sí, los viernes se daba permiso de comer 5 almendras.

A pesar de su práctica diaria de “mortificar” el sentido del gusto, Sebastiana elaboraría un manjar que pasaría a la posteridad en la cocina nacional: las tortitas de camarón.

Resultó que, ante la abundancia del crustáceo, la religiosa molía las cáscaras que se tiraban al desperdicio, con las capas de cebolla que quedaban inútiles para la cocina, y otras menudencias que obtenía del sesto de basura. “Y con pan duro y huevo, hacía una mezcla que se añadía a lo molido”.

El guiso, sin embargo, quedaba excelente, como lo supo el confesor de sor Sebastiana cuando le preguntó: “¿y qué tal sabe?”. “¡Bueno y muy sabroso!”, reconoció ella.

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