¿Qué son las Vírgenes Consagradas y cuál es su misión en la Iglesia?

Amira, educadora en un jardín de niños y Virgen Consagrada, nos cuenta un bello testimonio sobre la forma en que encontró su vocación como esposa de Jesús.
Vírgenes Consagradas, una vocación poco conocida. Foto: Especial.
Vírgenes Consagradas, una vocación poco conocida. Foto: Especial.

Desde los primeros siglos del cristianismo ha habido mujeres que consagran su virginidad, a través de un ritual en el que se comprometen a ser esposas de Jesús a perpetuidad, sin necesariamente vivir en un convento. No obstante, como vocación religiosa, la Virginidad Consagrada se fue diluyendo paulatinamente, hasta desaparecer por completo en el siglo XII, debido a la propagación de la vida religiosa en los monasterios.

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Y no fue sino hasta el siglo XX, cuando el Concilio Vaticano II impulsó la restauración de este estilo de vida. Y así, el día 31 de mayo de 1970, con la autoridad recibida del Papa Pablo VI, la Congregación del Culto Divino promulgó el Ritual de Consagración de Vírgenes, en el que se establece la identidad de las Vírgenes Consagradas en la Iglesia.

Amira es Virgen Consagrada y testimonio del amor de Dios

Amira Maldonado brinda sus servicios de educadora en un jardín de niños, y desde hace 33 años es una Virgen Consagrada de la Diócesis de Cancún-Chetumal. Platica que fue en su adolescencia cuando descubrió esta vocación religiosa, tras un proceso de discernimiento que la llevó a estar segura de querer consagrar su virginidad a Jesús.

Refiere que desde muy pequeña le gustaba asistir a la parroquia, participar en la Misa y frecuentar la Eucaristía; sin embargo, no podía encontrar su verdadera vocación, no sólo en la Iglesia, sino en la vida, por más que se esforzaba.

“Fue todo un proceso -platica Amira, con la singular alegría que la caracteriza-. No fue que un día me levanté y dije: “¡Yo quiero ser Virgen Consagrada!”, pues en aquel entonces ni siquiera sabía que existían”.

La vocación de las Vírgenes Consagradas desapareció por siglos, y fue restablecida en 1970 tras el Concilio Vaticano II

Amira asegura que permanentemente sentía que algo le hacía falta, algo con lo cual poder llenar el corazón. De manera que en aquel entonces se metió a hacer obras de voluntariado, a brindar servicios de altruismo y demás, para ver si por ahí encontraba eso que no podía obtener. Pero todo fue inútil.

Posteriormente, se trasladó a Cancún y estuvo trabajando por mucho tiempo en el ramo hotelero, pero tampoco ese trabajo la llenaba. “La hotelería es muy absorbente -platica-; pero apenas tenía oportunidad, iba a la Iglesia, y poco a poco me fui haciendo espacios para poder involucrarme en actividades parroquiales; pero aún así, nada había que me hiciera sentir plena”.

La respuesta que buscaba

Fue entonces que decidió ir a ver al sacerdote, y le dijo exactamente lo que sentía: “Padre, yo quiero amar más”. “Pues entonces ama más”, le respondió el sacerdote. “¿Pero cómo?”. “Probablemente debas formar una familia -fue la siguiente respuesta-, o ingresar a una orden religiosa”. Y enseguida le propuso iniciar un discernimiento vocacional.

“No es como muchos piensan -ríe Amira-, que la más fea se vaya de monja. No. Lo que sucede es que no puedes llenar ese vacío del corazón, que a la vez es como una llama que arde y te impulsa a buscar por todas partes una respuesta”.

Y fue así que, de la mano de un director espiritual, se animó a hacer un discernimiento vocacional a bordo de un barco. “Cozumel es un lugar bellísimo; atravesé el mar en barco reflexionando en lo que Dios quería para mí, y empecé a pensar que el camino podía ser la Vida Consagrada”.

Amira entonces comenzó a revisar el Directorio de la Vida Consagrada de la Diócesis; vio que había una Virgen Consagrada -una contadora pública que un año antes había recibido la consagración virginal-; en ese momento supo lo que quería ser, y dijo “sí” al llamado de Jesús.

Optó entonces por la forma de consagración en el orden de las Vírgenes Consagradas, y recibió una formación de 6 años en la Diócesis de Cancún-Chetumal. Ya con el escrutinio final, el Obispo local, Monseñor Pedro Pablo, el 2 de febrero de 2020 celebró el rito solemne de su Consagración en la Catedral de Cancún.

“Desde hace años siento una alegría y una paz infinita; comencé a encontrar deliciosos los fines de semana, me siento plena como mujer, como esposa de Jesús, como Iglesia. Y además busco hacer de mi trabajo como educadora un testimonio de ese amor que me llena”.

4 Vírgenes Consagradas más para la Arquidiócesis de México

El padre José María Romero Rodríguez, Vicario de Vida Consagrada de la Arquidiócesis de México, explica que a diferencia de las religiosas, las Vírgenes Consagradas no viven en conventos, sino en su casa, y, como cualquier persona, tienen su empleo y su vida social y familiar.

Entre las Vírgenes Consagradas hay mujeres de cualquier profesión.

A diferencia de las religiosas, las Vírgenes Consagradas no viven en un convento, sino en sus casas y desempeñan labores convencionales como cualquier persona.

“Entre ellas hay abogadas, biólogas, enfermeras, contadoras, trabajadoras sociales y demás profesiones. Pero tienen un compromiso -que en la Iglesia le llamamos propósito-, que es el de permanecer vírgenes, y llevar el amor de Jesús a la Iglesia particular a la que pertenecen y en la que deberán estar siempre, por eso tienen una relación muy estrecha con el obispo. Además, llevan a Jesús al servicio que ellas brindan como profesión”.

El padre José María explica que para ser Vírgenes Consagradas, se necesitan aproximadamente dos años de preparación, según el documento Iglesia como esposa de Cristo, que regula esta vocación. “Y durante este tiempo, las candidatas reciben formación por parte de un sacerdote o de una Virgen Consagrada, delegados por el obispo local”.

En cuanto al rito de Consagración Virginal, el padre José María señala que comúnmente las mujeres van vestidas con un atuendo nupcial, como el de cualquier novia; y el obispo, al ser propiamente un Matrimonio entre ellas y Jesús, les entrega su anillo y una Liturgia de las Horas, como signos de su consagración.

Finalmente, el padre José María refiere que en todo el país hay 184 Vírgenes Consagradas, 16 de las cuales pertenecen a la Arquidiócesis de México. “Pero esta cifra arquidiocesana aumentará a 20 el próximo domingo 5 de diciembre, pues 4 jovencitas estarán recibiendo el Ordo Virginum en la Basílica de Guadalupe”.

Los nombres de las próximas Vírgenes Consagradas de la Arquidiócesis de México son: María de las Mercedes Celestina Orbezo del Río, Mónica Judith Krähenbühl Escalona, Esther Ofelia Carmona Wagner y Eva Rosa María López Franco.

3 pilares de la Virginidad Consagrada

Esponsalidad. Se refiere a la vivencia de ser esposa de Jesús, lo cual se traduce en una vida de oración íntima, profunda y sosegada, en la que la Virgen Consagrada pueda gustar al Esposo y crecer como evangelizadora. Este pilar incluye la participación en Misa diaria y el rezo de la Liturgia de las Horas.

Virginidad. Las Vírgenes Consagradas viven su virginidad no como una carga o sacrificio, sino como una decisión libre, una apuesta por la llamada que han sentido de vivir la vida en castidad.

Diocesaneidad. Este pilar, llamado también “maternidad”, es una misión que se manifiesta en ser signo de la Iglesia a la que pertenecen, llevando una maternidad espiritual tanto a los lugares donde realizan sus labores cotidianas, como a parroquia en sus distintas actividades.

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