¿Qué pasa si no me puse la ceniza? ¿Es pecado?

Algunos fieles no pudieron asistir a sus parroquias a recibir la ceniza, y se preguntan si esto representa una falta o quizás hasta un pecado.
Para evitar contagios de COVID-19, el Vaticano modifica rito de Miércoles de Ceniza.
Para evitar contagios de COVID-19, el Vaticano modifica rito de Miércoles de Ceniza.

Este 2 de marzo fue Miércoles de Ceniza e inicio de la Cuaresma, al final del día seguramente habrá habido fieles que no pudieron asistir a sus parroquias a recibir la imposición de la ceniza, ya sea por cuestiones de trabajo, tiempo, salud o por cualquier otra circunstancia.

Y tal vez se pregunten si esto representa una falta a sus deberes como católicos, o quizás hasta un pecado, para lo cual es necesario dar la siguiente explicación.

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El origen del Miércoles de Ceniza

En los primeros siglos del cristianismo, cuando un miembro de la comunidad pecaba gravemente, era recibido en la asamblea penitencial el Miércoles de Ceniza, y ahí recibía un traje especial hecho de sayal áspero que debía vestir durante toda la Cuaresma.

También se derramaba ceniza sobre su cabeza, como reconocimiento de su pequeñez ante Dios y el dolor de haberlo ofendido.

El sacerdote, entonces, imponía una penitencia al pecador, y la comunidad rezaba por él durante la Cuaresma. Al final de la Cuaresma era absuelto y aceptado otra vez en la comunidad, que celebraba su conversión.

Esta ceremonia, que en un principio estaba reservada únicamente a los que pedían la Reconciliación, más tarde se extendió a toda la comunidad, que se reconoció pecadora y dispuesta a la Reconciliación, ayunando y recibiendo la ceniza el día en que se iniciaba la Cuaresma.

Origen del Miércoles de Ceniza.

Origen del Miércoles de Ceniza.

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¿Es obligatorio recibir la ceniza?

Considerando lo anterior, el padre Salvador Barba, ex encargado de la Pastoral Litúrgica de la Arquidiócesis de México, explica que la imposición de la ceniza es un sacramental que nos prepara hacia la recepción de los sacramentos. Es decir, un signo no obligatorio, mediante el cual nos ponemos en proceso para llegar a lo que es obligatorio.

“Es algo así como si tuviéramos que participar de un banquete, en el que se ofrece la prueba de lo que se va a dar. Si por algo no podemos tomar la prueba, lo que sí es importante es que participemos del banquete a plenitud, para lo cual es importante irnos disponiendo. En este caso, el banquete es la Pascua”.

El padre Salvador Barba explica que la ceniza, si bien es un signo externo de conversión hacia la Pascua, recibirla no tiene ningún sentido si no existe un propósito de revisar y corregir actitudes, fallas y limitaciones personales, si no se tiene la intención de salir al encuentro del otro. “Todo lo cual nos prepara para llegar a la Semana Santa y vivirla en plenitud, para festejar la Solemnidad de la Pascua.”

Así, señala que si por ciertas circunstancias a alguien no le es posible acudir a tomar ceniza, no se debe preocupar, pues no se trata de algo obligatorio; lo que sí es indispensable es recorrer dicho camino de preparación”.

“El Evangelio lo dice: ‘Cuando ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas; porque ellos desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que están ayunando’. Así, la ceniza puede convertirse sólo en un signo externo si es que no nos lleva hacia lo interno”.

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Por tal razón, el padre Salvador Barba refiere que quien acude a tomar ceniza, para que no se quede en un acto de hipocresía o falsedad, es importante que se confiese durante la Cuaresma, el tiempo propicio para cumplir con este sacramento, sobre todo si lo hace una vez por año.



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