Mi novia ya no es virgen, ¿me caso o no me caso?, ¿qué hago?

Esta es la respuesta a la carta de un joven que estaba confundido porque se había enterado de que su novia no era virgen y estaban a punto de casarse.
Hombre pensando
Hombre pensando

Hace unos días recibí esta pregunta, cuya respuesta publiqué en la sección Confesionario sin absolución de mi blog. Mi novia ya no es virgen, ¿me caso o no me caso? A continuación comparto el texto:

Pregunta: Soy español y tengo un noviazgo con una chica desde hace nueve meses. Yo soy virgen y hay algo que me duele en el alma, y es que ella no lo es. Me atormenta pensar que, mientras yo mantenía mi virginidad para entregarla a una chica que también se guardara para mí, ella estaba teniendo relaciones con su exnovio. Mientras yo renunciaba a tener relaciones sexuales con mi exnovia por un bien mayor, por un futuro mejor; mientras yo rezaba en la capilla para que Dios cuidara a mi futura novia, ella estaba teniendo relaciones sexuales con otro. Quizá son sentimientos de celos el saber que otro ya se llevó su inocencia. Me consume muchísimo, me duele en el alma que yo haya tenido que esperar y ella no. ¿Que si la quiero? Si ella fuese virgen le pediría que nos casáramos mañana mismo. Ahora ella se ha enfocado en vivir lo que es el amor y la castidad, y siento que es muy buena chica. Me consume pensar ¿por qué me tengo que entregar completamente a ella, cuando ella ya no se entregará completamente a mí porque ya se entregó a otro? Esto me genera muchas dudas, sentimientos encontrados, ansiedad. Si en mi corazón hay un anhelo de casarme con alguien que haya vivido la castidad, ¿por qué tendría que casarme con ella? ¿Será la indicada o no? ¿Dejamos morir el amor que nos tenemos sólo por el pasado de ella?

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Respuesta: Te agradezco mucho la confianza de escribir y abrir tu corazón para mostrar tus sentimientos encontrados y tus dudas.

Antes que nada te felicito por mantener tu virginidad considerándola como un valor para tu juventud y como regalo para la que vaya a ser tu esposa. Eso quiere decir que estás logrando tener autocontrol sobre tus impulsos para encauzarlos hacia la vida matrimonial.

Es lo que se llama la virtud de la castidad, y es fruto del Espíritu Santo. Un hombre que se sabe dominar será digno de confianza en el matrimonio.

Tu novia no es virgen. Ella tiene una historia diversa a la tuya, y quizá no fue educada con los valores cristianos que tú tienes.

Seguramente el ambiente juvenil permisivo que hoy se vive influyó, de alguna manera, sobre la que hoy es tu novia, para que tuviera relaciones con su exnovio. Tal vez aquel ex novio la presionó.

Lo cierto es que ella se ha dado cuenta de que aquello estuvo mal y hoy está arrepentida. Te aseguro que son muchísimos los jóvenes –y sobre todo las chicas– que se arrepienten de haber tenido sexo en su noviazgo.

El sexo anterior al matrimonio suele ser una experiencia traumática que nunca mejora un noviazgo, sino que lo complica y lo empeora porque las personas terminan sintiéndose utilizadas y solas.

Dentro de lo malo que ocurrió a tu novia en su pasado, hay algo grande que Dios ha hecho: ha suscitado en ella el arrepentimiento y el deseo de cultivar la virtud de la castidad hasta el matrimonio.

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Eso es algo magnífico porque solamente Dios puede hacer nuevas todas las cosas, así que allá donde antes hubo pecado hoy puede sobreabundar la gracia.

Trata de descubrir cómo el Espíritu de Dios está actuando en ella y agradece por ese motivo. Al querer tu novia vivir la castidad hasta el día en que se casen, en realidad ella se está guardando para ti, y eso es ya un regalo.

Un chico o una chica que perdió su virginidad y que se da cuenta de su error, ¿significa que ya no podrá encontrar el amor verdadero y vivir su vida feliz? No lo creo.

Esa persona puede sanar sus heridas y encontrar a alguien que la ame realmente y que no la rechace por los errores que cometió en su pasado. Lo importante es que la persona que se equivocó –en este caso tu novia– encuentre a alguien capaz de asumir su historia y aceptarla.

Hay personas a las que no les importan los errores o pecados pasados de su pareja, pero hay otras que sí les dan mucha importancia y no viven tranquilos.

Si tú eres de estas personas, y para ti es un tormento saber que tu novia no es virgen, es mejor evitar el matrimonio, al menos por ahora. Si no logras superar el pasado de tu novia podrías vivir en un tormento psicológico durante toda la vida conyugal.

Mi consejo es que sigas conservando tu virginidad y que pongas en oración tu situación. Lo importante no es si tu futura esposa será virgen o no. Si Dios perdona nuestros pecados del pasado, también nosotros podemos hacerlo. Si Dios asume nuestra historia de pecado para transformarla en historia de salvación, también podemos asumir la historia de otras personas.

Lo importante es ¿cuál es la actitud de tu novia ahora? ¿Vive la castidad? ¿Tiene la motivación, la fuerza y al autocontrol para vivirla durante el noviazgo? Si la respuesta es sí, entonces estamos hablando de una buena chica.

También te aconsejo que, si decides casarte con ella, le pidas, antes de la boda, que se haga una prueba de enfermedades de transmisión sexual. Dios perdona nuestras faltas pero la naturaleza no.

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Te invito a considerar el nivel de amor que le tienes a tu novia. Hay un nivel que se basa en los afectos y sentimientos. Cuando uno dice “amo a esta persona porque la paso muy bien con ella, porque me gusta, porque me hace reír, porque me hace sentir bien, porque me consuela y me da paz”, cuidado.

No es un nivel de amor para contraer matrimonio. En el fondo es un amor egoísta basado en “me siento bien”. Lamentablemente la mayoría de las parejas se quedan en este nivel de amor.

Para casarse con una persona hay que dar un salto de nivel y estar dispuesto a amarla por ella misma, amarla totalmente, con sus virtudes y defectos, con su pasado, presente y futuro, con capacidad de sacrificio, y estar dispuesto a tener hijos con ella y confiarlos a su cuidado.

Sólo así un matrimonio puede durar para toda la vida. Te pongo en mi oración y, hasta España, te envío mi abrazo y bendición.

El Pbro. Eduardo Hayen es director de Comunicación Social y coordinador de la Pastoral de la Vida aquí en la Diócesis de Ciudad Juárez. Este texto ha sido publicado previamente en el blog del Pbro. Eduardo Hayen.

Sigue al P. Eduardo Hayen en Twitter: @padrehayen