La pintura de la Virgen de Chiquinquirá que rejuveneció por un milagro

Esta es la historia de la Virgen de Chiquinquirá, patrona de Colombia.
Pintura de la Virgen de Chiquinquirá.
Pintura de la Virgen de Chiquinquirá.

La Virgen del Rosario de Chiquinquirá es la Santa patrona de Colombia, y fue pintada por encargo del caballero Antonio de Santana al artista español Alonso de Narváez, quien plasmó a la Virgen María cargando al Niño Jesús en sus brazos, al tiempo que lleva un largo Rosario blanco.

Ella está posada sobre la luna y se encuentra flanqueada por San Antonio de Padua con su hábito y por San Andrés Apóstol quien lee las Sagradas Escrituras y abraza su cruz.

La Virgen de Chiquinquirá.

La Virgen de Chiquinquirá.

Al recibir un nuevo altar, ‘rejuveneció’

La pintura fue realizada en tela de algodón americano de 1.25 m. de ancho por 1.11 de alto, y fue colocada en una pequeña capilla con techo de paja donde se fue deteriorando al paso del tiempo, de modo que para 1562, la humedad la había dañado al punto que fue desechada en una bodega.


Para 1586, una mujer piadosa, María Ramos, la rescató y le hizo un sencillo altar. La leyenda refiere que milagrosamente, la imagen recobró sus colores y los daños de la tela desaparecieron. 

Patrona de Colombia

Entonces se le construyó un santuario que quedó bajo la administración de frailes dominicos. El Papa Pío VII la declaró Patrona de Colombia y además le concedió una fiesta litúrgica propia el 9 de julio.

En julio de 1986, San Juan Pablo II rezó ante ella diciendo que la paz es un don supremo y que es la condición indispensable para el progreso, como también lo hizo el Papa Francisco en 2017.

Esta misma advocación se venera la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá de Maracaibo, en Venezuela, donde su fiesta es el 18 de noviembre, y de acuerdo con la tradición, la imagen venezolana no es copia de la colombiana pues ambas son consideradas originales. 

Fue en 1709 cuando la imagen llegó como una tablita que flotaba en el Lago Maracaibo de donde fue rescatada por una lavandera llamada María Cárdenas. Durante la etapa colonial, la tablita fue adornada con repujado de oro. 

Ambas imágenes están envueltas en rayos luminosos y un gran resplandor. Esta advocación mariana también es patrona de la ciudad de Caraz en Perú.