Opinión

El milagro de San Antonio de Padua

Hace aproximadamente 600 años vivió en Italia San Antonio de Padua, un hombre que llegó a ser santo por su predicación y su manera de vida. Entre los episodios de su vida se cuenta que en una predicación recordó las palabras de Cristo: “Si tu pie es ocasión de pecado, para ti, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida eterna que con los dos pies ser arrojado al lugar de castigo”.

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Entre los que escuchaban al santo estaba un joven que esa mañana había discutido con su propia madre y dejándose llevar por la ira, le había dado un puntapié. Al recordar su mala acción y las palabras de Cristo, pronunciadas por San Antonio, salió intempestivamente del templo sin esperar a que el santo concluyera su explicación.

En su mente se repetían las palabras: “Si tu pie es ocasión de pecado, córtatelo porque más te vale entrar cojo en la vida eterna que con los dos pies ser arrojado al lugar de castigo”. Se dirigió a su casa y comenzó a buscar algo insistentemente: “Tengo que encontrarla. Tiene que estar por aquí. Tengo que encontrarla”.

Finalmente encontró un hacha. Colocó su pie sobre una pequeña mesita y, tomando la herramienta con las dos manos, lo cortó de un tajo. Los gritos de dolor hicieron que se acercara su madre. Al ver lo sucedido le brindó ayuda inmediata y le dijo: “Hijo mío, ¿Por qué hiciste esto? ¿Qué fue lo que te llevo a cometer esta atrocidad?”. Él le confesó: “Fueron las palabras de fray Antonio. Él me dijo que tenía que hacer esto por mi mal comportamiento”.

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La madre enfurecida corrió a ver al santo y cuando lo encontró lo recriminó por sus palabras: “¿Cómo es posible que seas hombre de Dios y le hayas ocasionado tanto daño a mi hijo?”. Antonio se quedó sorprendido por aquellas palabras, calmó a la señora y le pidió que le explicara lo sucedido. Cuando comprendió la razón de la preocupación y enojo de la mujer la acompañó de inmediato a ver al joven. Lo encontraron aún gritando de dolor. Entonces, el santo le dijo: “Hijo mío.

Las palabras de Cristo no se refieren al cuerpo, porque no se gobierna solo. Son la mente y el corazón quienes lo gobiernan. Lo que nos pide Jesucristo es purificar nuestra mente y hacer grande el corazón, hacer a un lado los obstáculos para que así, nuestras acciones dejen de ser malas y egoístas. ¿De qué le sirve al hombre cortarse una pierna o sacarse los ojos si no se arrepiente y se convierte? Lo que Jesucristo quiere es que el hombre malvado cambie de forma de vivir y así pueda salvarse”.

El joven, entre sollozo y sollozo dijo: “Fray Antonio. Yo estaba tan arrepentido de haberle causado daño a mi madre que tomé el hacha y corté el pie con el que me atreví a lastimarla”. Antonio le contestó: “Las palabras de Cristo hicieron eco en ti y lograron tu arrepentimiento. No era necesario cortar tu pie porque tu corazón y tu mente ya habían sanado. Y Dios siempre perdona a quien se arrepiente”. La madre también habló mientras abrazaba a su hijo: “Yo también te había perdonado, porque te amo”.

El joven reconoció el amor materno y dijo: “Gracias, mamá. Perdona mi ofensa, estoy arrepentido. Nunca volveré a ofender a quien me dio la vida y me perdona con tanto amor mis faltas”. Antonio hizo oración invocando la ayuda de Dios, luego, tomó el pie cortado y lo unió a la pierna. Milagrosamente cesó el dolor. El joven y su madre quedaron sorprendidos porque no había señal alguna del corte y el pie estaba totalmente sano. La noticia del milagro corrió por todo el pueblo y San Antonio aprovechó para enseñar: “No basta escuchar o leer la palabra de Dios. Es necesario meditarla y comprenderla para ponerla en práctica”.

La Iglesia celebra a San Antonio de Padua el 13 de junio.