Más que un adorno, el árbol de Navidad anuncia la vida, la esperanza y el amor de Dios hecho niño. Foto: Agencias
** Esta nota se actualizó el 23 de diciembre de 2025
Durante el tiempo de Navidad, la mayoría de las familias coloca un árbol de Navidad en sus hogares. Aunque se trata de una tradición profundamente arraigada en México y en muchos países del mundo, no siempre se conoce su significado cristiano ni el mensaje de fe que encierra para los católicos.
Lejos de ser solo un elemento decorativo, el árbol de Navidad es un símbolo religioso que remite al misterio del nacimiento de Jesucristo y al sentido profundo de la vida eterna.
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Dentro de la tradición católica, el árbol de Navidad remite al Árbol de la Vida mencionado en el libro del Génesis (cf. Gn 2,9). Este árbol es entendido como una prefiguración de Cristo, el don supremo que Dios Padre ofrece a la humanidad para la salvación.
El hecho de que el árbol permanezca siempre verde, incluso en pleno invierno, simboliza que la vida que Dios ofrece no se marchita ni termina. Es una vida eterna que se cultiva en el amor, la amistad sincera, el perdón, la ayuda fraterna y el tiempo compartido en familia.
Durante el ngelus del 19 de diciembre del 2004, san Juan Pablo II explicó que el árbol de Navidad es una tradición muy antigua que exalta el valor de la vida, ya que sus ramas verdes son un signo visible de la vida que no muere, incluso en medio del frío y la oscuridad.
Cada uno de los adornos del árbol de Navidad posee un simbolismo que ayuda a profundizar en el misterio del nacimiento de Jesús y en el mensaje del Evangelio.
Desde la antigüedad, el árbol ha sido visto como un símbolo de lo sagrado. En el cristianismo, adquirió un significado particular al asociarse con la eternidad que Dios ofrece al hacerse hombre.
Este simbolismo está presente desde los primeros siglos de la Iglesia. En sarcófagos cristianos del siglo IV, hallados en las catacumbas de Roma, aparecen representaciones del pino y el ciprés como signos de la vida eterna.
Además, una piña monumental, fruto del pino, estuvo colocada en el atrio de la antigua Basílica de San Pedro desde el siglo IV hasta el siglo XVI, como testimonio del simbolismo cristiano del árbol vinculado a la vida que no termina.
El pino también remite al tronco de Jesé, mencionado en la Sagrada Escritura como la raíz de la cual proviene la descendencia del rey David, linaje del que nacería el Mesías prometido.
Así, el árbol de Navidad no es solo un adorno, sino un signo visible de la fe cristiana que anuncia la vida, la esperanza y la salvación que llegan con el nacimiento de Jesús. Colocarlo en casa es una oportunidad para evangelizar en familia y recordar que Cristo es el centro de la Navidad.
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