Sabías que

Cómo iniciar el Año Nuevo sin rencores

El camino para lograrlo no es otro que el perdón. Ese perdón tan difícil de obtener, y más aún, tan difícil de otorgar.
Foto: Cathopic
Foto de un abrazo. Foto: Cathopic

Es muy probable que en tu caminar por la vida hayas sentido rencor, coraje, resentimiento con tu familia, con tus amigos, con Dios… hasta que llega el momento en que quieres sentirte bien, que quieres liberarte de ese “malestar” y volver a vivir en paz.

El camino para lograrlo no es otro que el perdón. Ese perdón tan difícil de obtener, y más aún, tan difícil de otorgar.

Es por esto que te preguntarás: ¿es posible perdonar? ¿será posible dejar el resentimiento, el coraje, la amargura que me causa esta situación? Yo te diría ¡Sí! Claro que es posible, pues el perdón libera de ataduras que amargan el alma y enferman el cuerpo, y permite mirar con objetividad el hecho, sin negarlo, sin justificarlo, sin dejar de darle la importancia que merece… pero permitiéndote a ti una liberación interior, una paz espiritual que tanto anhelas y que no has podido vivir.

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El perdón no necesariamente implica la reconciliación con aquel que te lastimó; el perdón es única y exclusivamente para ti, para liberarte de esa cadena que te tiene esclavizado y que te impide vivir en plenitud. Es importante saber que nada puede reparar el daño causado, ninguna venganza podría sanar el dolor, pero sólo el perdón te sana a ti del veneno destructivo del espíritu.

¿Qué se requiere para perdonar?

Reflexión profunda: ¿Qué tanto me domina el resentimiento? ¿Ya es hora de “dejar ir”?, ¿Sufro viejas heridas emocionales que piden a gritos ser curadas?, ¿Quiero vivir con paz interior?

Decisión: Una  actitud firme que busque la paz interior con objetividad e inteligencia, dejando atrás rencores y odios, pensamientos destructivos y dañinos.

Responsabilidad: Aceptar las consecuencias al perdonar a otros. Impedir que sus reacciones te afecten negativamente y desarrollar una capacidad para fomentar actitudes sanas y de crecimiento personal.

Cambio de pensamiento: Procurar un pensamiento positivo, optimista. Dejar aquellos pensamientos negativos, destructivos, que alimentan tu mente, tu memoria y que te esclavizan haciendo aún más grande el problema.

Capacidad para identificar qué hay detrás de tu enojo: Rencor, ira, miedo, tristeza, desilusión, desamparo, etc., para poder trabajar sobre ello y dejar las cadenas que te atan.

Humildad: Capacidad para verte con objetividad como un ser falible que puede mejorar.

Oración: Las fuerzas humanas son valiosas, pero con la ayuda de Dios, lo que se cree imposible es posible. Dios otorga las gracias necesarias para que todo lo anterior sea posible, siempre y cuando haya decisión para hacerlo.

Beneficios que se obtienen al perdonar:

  • Menores problemas de salud: cáncer, problemas cardiacos, estrés.
  • Paz interior.
  • Liberación.
  • Reconciliación con Dios.

Para perdonar hay que tomar el ejemplo de Cristo. Cristo siempre perdona. Él nos quiere libres de esclavitud y plenos de paz.

La parábola del Hijo Pródigo es un gran ejemplo del ejercicio del perdón: el Padre, al perdonar, no juzga, no encara el pasado, no hace sentir mal al otro… lo único que busca es el amor, la reconciliación, la acogida y la comprensión.

Vayamos a la fuente del perdón que es Cristo, Él nos espera en la Confesión para darnos su amor, su caricia para el alma que tanto la necesita, y al salir podremos experimentar un gran gozo interior y un amor profundo lleno de paz.

Que este Año Nuevo lo empecemos con esa gran fuerza que viene de Dios: La capacidad de perdonar y de amar.

 

* Escrito por Cecilia Elizondo

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