6 de febrero: recordamos a San Pablo Miki y los mártires de Nagasaki

El 6 de febrero, la Iglesia católica recuerda a San Pablo Miki y sus compañeros mártires de Nagasaki.
San Pablo Miki y sus compañeros mártires de Nagasaki, Japón.
San Pablo Miki y sus compañeros mártires de Nagasaki, Japón.

El 30 de diciembre de 1596, los frailes de Meaco y Osaka fueron aprendidos. Felipe de Jesús no estaba en la lista de aprehensión. Sus compañeros le aconsejaron que escapara y pudo haber salvado la vida alegando su calidad de náufrago, pero él rechazó la oferta. 

El uno de enero de 1597, salieron para Meaco los presos de Osaka. Solo quedaron libres Juan Pobre y Fr. Jerónimo de Jesús, pues Fr. Pedro les ordenó que se escondieran para que luego fueran a Manila a platicar lo ocurrido.

Taico Sama ordenó que el viernes 3 de enero cortaran las orejas y la nariz a sus prisioneros, pero gracias a la gestión del español Pedro Sotelo de Morales y del general Matías de Landecho se acordó que sólo les quitasen una oreja.  Fueron llevados a una pagoda donde se aplicó la sentencia y comenzó el martirio. 


Entre la nieve invernal peregrinaron 800 kilómetros expuestos al ridículo: Osaka, Sakai, Nara, Tzu, Nagoya, los regresaron a Osaka el 9 de enero para continuar por las provincias de Setsu, Harima, Bizen, Bitchu, Bingo, Aki, Suwo y Nagato hasta llegar a Facata donde llegaron el último de enero, 14 de la Luna en la cuenta de Japón. El primero de febrero llegaron al pueblo de Carazu, luego a Uracami, que está a media legua de Nagasaki. Siempre fueron exhibidos en 8 carretas tiradas por bueyes.   

El 5 de febrero de 1597, sobre una colina de Nagasaki, 26 cristianos fueron llevados a sus cruces donde, en vez de clavarlos, fueron colgados por medio de 5 argollas de hierro. “Uno de los primeros en ser crucificados fue Felipe, que de una manera providencial quedó en el centro de aquel vasto semicírculo de mártires. Una vez fijado en la cruz, los verdugos la izaron en alto y la dejaron caer de golpe en el agujero que para ello habían clavado”.

El primero en morir fue Felipe de Jesús a quien le dieron tres lanzadas.  El último: Pedro Bautista. Taikosama había ordenado que los cuerpos permanecieran en las cruces hasta que fueran devorados por las aves, pero se conservaron incorruptos varios meses.

El sacerdote jesuita Xavier Escalada, uno de sus biógrafos, investigó el orden en que fueron crucificados los 26 mártires:

  1. San Francisco de Kyoto, carpintero ‘adaucto’ o añadido, porque fue incorporado en el camino.
  2. San Cosme Takeya, forjador de espadas, catequista.
  3. San Pedro Sukeyiró, joven de Kyoto, también añadido en el camino.
  4. San Miguel Kozaki, fabricante de arcos y flechas, padre de Tomás (N. 20).
  5. San Diego Kisai, S.J., de 64 años, hermano jesuita, gran devoto de la Pasión del Señor.
  6. San Pablo Miki, S.J., insigne predicador, hijo de samuráis, líder elocuente de la fe.
  7. San Pablo Ibaraki, humilde y ferviente catequista, que gustaba de ayudar a los pobres.
  8. San Juan de Gotoo S.J., 19 años limpios y alegres en su entusiasta fervor juvenil.
  9. San Luis Ibaraki, de 12 años, que reía y cantaba en su cruz pequeñita: “Aquí va Luisillo, con tanto ánimo y fervor que pone admiración en todos”.
  10. San Antonio de Nagasaki, de 13 años, que animaba a su madre desde la cruz.
  11. San Pedro Bautista, que trabajó en México y pedía clavos para ser crucificado con ellos.
  12. San Martín de la Ascensión, guipuzcoano, profesor de teología en el Convento de Churubusco.
  13. San Felipe de Jesús, de 24 años, “el mayor y mejor de los mexicanos”.
  14. San Gonzalo, hermano franciscano, brazo derecho de San Pedro Bautista.
  15. San Francisco Blanco, de Monterrey, Galicia, alumno de teología en Churubusco.
  16. San Francisco de San Miguel, hermano franciscano, silencioso, humilde, confiado.
  17. San Matías, crucificado en vez de otro Matías, al que quiso sustituir.
  18. San León Karasumaru, que había sido bonzo budista, hombre de oración profunda.
  19. San Ventura, educado en un monasterio budista, y después ferviente cristiano.
  20. Santo Tomás Kosaki, niño de 14 años, recto, decidido y muy fervoroso.
  21. San Joaquín Sakahibara, cocinero de los padres franciscanos, de alma ardiente y decidida.
  22. San Francisco, médico de 48 años, apóstol que convirtió a muchos a la nueva fe.
  23. Santo Tomás Dangui, farmacéutico, una vida consagrada totalmente al Evangelio.
  24. San Juan Kinuya, fabricante de sedas, extraordinario para unir oración y trabajo.
  25. San Gabriel de Ise, de 19 años, audaz y decidido en su hermosa personalidad.
  26. San Pablo Suzuki, fogoso, brillante catequista y predicador de la fe por la que moría.

Los padres agustinos Fr. Mateo de Mendoza y Fr. Diego de Guevara consiguieron que algunos cristianos robaran los cuerpos de los mártires, entre ellos, el de Pedro Bautista y Felipe de Jesús. Algunas reliquias fueron sepultadas en el convento de San Agustín en Manila, en la Pascua de 1597 y otras en Japón, Europa y México. En la capilla de San Felipe de Jesús, en la Catedral de México, se encuentra un pequeño relicario oval que contiene tres astillas de sus huesos; fue donado por una familia católica bajo la gestión del Cardenal Norberto Rivera. La Loma de los Trigos, en Nagasaki, donde fueron crucificados, desde entonces se llamó de los Mártires. 

Bernardo de Balbuena cantaba en Grandeza Mexicana (1604):

“En ti se junta España con la China,
Italia con Japón, y finalmente
un mundo entero en trato y disciplina.

En ti de los tesoros del poniente
se goza lo mejor; en ti la nata
de cuanto entre su luz cría el oriente”.

El Proceso de beatificación lo inició Fr. Marcelo de Rivadeneyra en 1616 bajo el pontificado de Paulo V. Se formaron 5 tribunales: dos en México, dos en Filipinas y uno en Japón. Tres décadas después del martirio, el 14 de septiembre de 1627, Urbano VIII, en su Bula Salvatoris Nostri Jesu Christi declaró beatos a Felipe de Jesús y a los otros 25 mártires. Santa Rosa de Lima sería beatificada en 1668 y canonizada en 1671. Luego, el 8 de junio de 1862, Pío IX canonizó a Felipe de Jesús.

 

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