Papa Francisco: ¿Dios enviaría una guerra o una pandemia como castigo?

El Santo Padre habló sobre el amor de Dios y la conversión en tiempo de Cuaresma
El Papa Francisco en el Ángelus. Foto: Vatican Media.
El Papa Francisco en el Ángelus. Foto: Vatican Media.

En su mensaje previo al Ángelus, el Papa Francisco reflexionó sobre la lectura del Evangelio de hoy (Lc 13,1), donde se plantea una pregunta que sigue siendo actuales:  ¿quién tiene la culpa de los hechos terribles?

“Cuando las noticias negativas nos oprimen y nos sentimos impotentes ante el mal, a menudo se nos ocurre preguntarnos: ¿se trata de un castigo de Dios? ¿Es Él quien envía una guerra o una pandemia para castigarnos por nuestros pecados? ¿Y por qué el Señor no interviene?”, preguntó el Papa Francisco a los fieles reunidos en la plaza de San Pedro.

Y advirtió que hemos de estar atentos cuando el mal nos oprime pues corremos el riesgo de perder lucidez, y para encontrar una respuesta fácil terminamos por echarle la culpa a Dios.


“¡Cuántas veces le atribuimos nuestras desgracias y las desventuras del mundo a Él que, en cambio, nos deja siempre libres y, por tanto, no interviene nunca imponiéndose, tan solo proponiéndose; a Él, que nunca usa la violencia, sino que, por el contrario, ¡sufre por nosotros y con nosotros!”.

Y posteriormente, el Santo Padre enfatizó: “De Dios no puede venir nunca el mal, porque Él ‘no nos trata según nuestros pecados’ (Sal 103,10), sino conforme a su misericordia. Es el estilo de Dios. No puede tratarnos de otro modo. Siempre nos trata con misericordia”.

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En vez de culpar a Dios, miremos nuestro interior

El Papa Francisco recordó que en vez de culpar a Dios, en particular por nuestros males, miremos a nuestro interior.

“Es el pecado el que produce la muerte; son nuestros egoísmos los que laceran las relaciones; son nuestras decisiones equivocadas y violentas las que desencadenan el mal”.

“En este punto, el Señor ofrece la verdadera solución. ¿Cuál es? La conversión: ‘Si no se convierten -dice- perecerán todos del mismo modo’ (Lc 13,5). Se trata de una invitación apremiante, especialmente en este tiempo de Cuaresma. Acojámosla con el corazón abierto. Convirtámonos del mal, renunciemos a aquel pecado que nos seduce, abrámonos a la lógica del Evangelio: ¡porque donde reinan el amor y la fraternidad, el mal ya no tiene poder!”

Convertirse no es fácil y Jesús lo sabe, por eso siempre nos da nuevas oportunidades afirmó el Papa. Jesús nos ofrece la consoladora imagen de una higuera que no da frutos en el periodo establecido, pero cuyo dueño no la corta: le concede más tiempo, le da otra posibilidad.

“Me gusta pensar que un hermoso nombre de Dios sería ‘el Dios que da otra posibilidad’: siempre nos da otra oportunidad, siempre, siempre. Así es su misericordia. Así hace el Señor con nosotros: no nos aleja de su amor, no se desanima, no se cansa de darnos confianza con ternura”.

“Dios es Padre y te mira como un padre: como el mejor de los papás, no ve los resultados que aún no has alcanzado, sino los frutos que puedes dar; no lleva la cuenta de tus faltas, sino que realza tus posibilidades; no se detiene en tu pasado, sino que apuesta con confianza por tu futuro. Porque Dios está cerca, está a nuestro lado. Es el estilo de Dios, no lo olvidemos: cercanía; Él está cerca con misericordia y ternura. Así nos acompaña Dios, es cercano, misericordioso y tierno”.

Oremos por todos los que sufren en Ucrania

Al término del Ángelus, el Papa Francisco volvió a hablar sobre Ucrania, lamentó que la agresión contra el país no se detenga.

“He ido a visitar a los niños heridos que están aquí en Roma: a uno le falta un brazo, otro está herido en la cabeza… Niños inocentes. Pienso en los millones de refugiados ucranios que deben huir dejando atrás todo, y siento un gran dolor por cuantos no tienen ni siquiera la posibilidad de escapar. Muchos abuelos, enfermos y pobres, separados de sus familiares, tantos niños y personas frágiles deben quedarse y morir bajo las bombas sin poder recibir ayuda y sin encontrar seguridad ni siquiera en los refugios antiaéreos”.

“¡Todo esto es inhumano! Aún más, ¡es también sacrílego, porque va contra la sacralidad de la vida humana, sobre todo contra la vida humana indefensa, que ha de ser respetada y protegida, no eliminada, y que está por encima de cualquier estrategia! No lo olvidemos: ¡es una crueldad inhumana y sacrílega! Oremos en silencio por todos los que sufren”.

El Santo Padre también recordó que no ha faltado la cercanía de los pastores en Ucrania.

“Pienso en el Nuncio Apostólico, recién nombrado, Mons. Visvaldas Kulbokas, que desde el inicio de la guerra se ha quedado en Kiev junto con sus colaboradores, y que con su presencia cada día me hace estar cerca del martirizado pueblo ucranio. Permanezcamos junto este pueblo, abracémoslo con afecto, con el compromiso concreto y con la oración. Y, por favor, ¡no nos acostumbremos a la guerra y a la violencia!”.

 

 

 



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