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“¡Nos vemos en el paraíso!”, los sacerdotes fallecidos por el coronavirus

Ellos son algunos de los presbíteros que lamentablemente fallecieron por la pandemia.
Padre Jorge, celebrando Misa.
Padre Jorge, celebrando Misa. Foto: Especial.

La epidemia de coronavirus ha cobrado la vida de más de 40 mil personas en el mundo, entre ellos sacerdotes. Ellos están propensos a contraer el virus en el cumplimiento de su llamado: atender espiritualmente a las familias afectadas.

En Italia, uno de los países más golpeados por el virus, han fallecido más de 60 sacerdotes, 23 en la diócesis de Bérgamo, de acuerdo con la agencia de noticias Vatican News. 

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En esta lista están los rostros de algunos sacerdotes fallecidos por el coronavirus que dieron testimonio de una vida de amor a Dios, entrega y sacrificio por los demás:

“¡Recen el Rosario!”

El sacerdote italiano Cirillo Longo, de la congregación de los padres oronitas, murió el 19 de marzo, Solemnidad de San José y sólo un día después de cumplir 95 años, tuvo una vida dedicada a Dios y al servicio pastoral.

Don Longo pasó 8 días en el hospital luego de contraer COVID-19, en ese tiempo se dedicó a animar y confortar a los médicos y enfermeras del centro sanitario donde fue atendido, en la ciudad de Bergamo, especialmente afectada por la epidemia.

Un par de días antes de su fallecimiento, dijo en una llamada telefónica con un conocido: “¡Nos vemos en el Paraíso, recen el rosario!”.

Minutos antes de morir -de acuerdo con una nota de Aleteia-, levantó las manos al Cielo en señal de celebración.

Se dice que en sus últimos días expresaba al personal del hospital: “No tengan miedo, porque estamos todos en manos de Dios”.

El padre Cirillo Longo durante su internamiento en Bérgamo, Italila.

El padre Cirillo Longo durante su internamiento en Bérgamo, Italila.

Un guadalupano en Brooklyn

El 27 de marzo, tres días después de ingresar al Hospital Wyckoff de Brooklyn, Estados Unidos, falleció el sacerdote mexicano Jorge Ortiz-Garay, párroco de la iglesia de Santa Brígida e impulsor de la Carrera Guadalupana de Nueva York, en la que participan miles de corredores cada año y que moviliza a muchos más.

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Iniciada en 2013, la Carrera Guadalupana se convirtió rápidamente en una tradición para la Diócesis de Brooklyn-Queens. Los recursos obtenidos por la organización son donados a diversas causas. En 2017, por ejemplo se destinaron para ayudar a la población mexicana tras el terremoto del 11 de septiembre.

El padre Ortiz-Garay estudió en el Seminario Redemptoris Mater de Newark, fue ordenado sacerdote en 2004 y al poco tiempo le fue encomendada la atención espiritual de los mexicanos de su diócesis, a quienes dedicó su vida pastoral.

Padre Jorge, celebrando Misa. Foto: Especial.

Padre Jorge, celebrando Misa. Foto: Especial.

El padre Jorge Ortiz tenía 49 años y era muy querido en su comunidad.

Misionero en África

Después de 46 años como salesiano, 38 como sacerdote y 10 como obispo, Monseñor Angelo Moreschi partió a la Casa del Padre el pasado 25 de marzo, en la Fiesta de la Anunciación.

Murió en Brescia, Italia, tras contraer coronavirus. Desde hace tiempo vivía en un instituto salesiano de la región debido a problemas de salud que lo obligaron a volver de África.

Monseñor Moreschi dedicó su vida al servicio del Cuerno de África, donde fundó misiones con escuelas, granjas, pozos e incluso gestionó un hospital, de acuerdo con Vatican News. 

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Después de una larga vida misionera, el obispo -que fue Vicario Apostólico de Gambella, Etiopía- vivía con diálisis y diabetes. El coronavirus mermó sus fuerzas.

Monseñor Moreschi. Foto: Vatican Media

Monseñor Moreschi. Foto: Vatican Media

El padre de la Cabaña

Con 104 años, el padre Mario Cavalleri, canónigo honorario de la Catedral de Cremona, en Italia, era el sacerdote más longevo de su diócesis, hasta que el pasado 9 de marzo murió víctima del coronavirus.

Don Mario no era conocido solamente por su avanzada edad, sino por ser “el padre de la Caseta”, una obra caritativa que realizó primero en el vicariato de la Catedral y, posteriormente, en un domicilio del centro de la ciudad.

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Por más de 30 años, las puertas de la Caseta se abrieron a una multitud de personas: pobres en la ciudad, drogadictos y, más tarde, inmigrantes en busca de un futuro mejor. Para todos ellos, recuerda la Diócesis de Cremona, Don Mario fue un padre amoroso.

Fue ordenado en 1940, en plena Segunda Guerra Mundial, en una ceremonia íntima, a causa del conflicto. Así también fue su entierro, debido la cuarentena, aunque la Diócesis de Cremona ya ha anunciado un funeral que se llevará a cabo cuando pase la emergencia.

Don Mario. Foto: Especial

Don Mario Cavalleri. Foto: Especial

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