Dos segundos de oración frente a un “próximo santo y Doctor de la Iglesia”

Dos seminaristas cuentan su experiencia de estar por unos segundos frente al cuerpo de uno de los más grandes teólogos de los últimos siglos
El seminarista mexicano Alberto Estrada, en oración frente a los restos mortales de Benedicto XVI.
El seminarista mexicano Alberto Estrada, en oración frente a los restos mortales de Benedicto XVI.

En oración y con gran emoción, cerca de 200 mil fieles católicos de todo el mundo acudieron al Vaticano para despedirse y rendir un homenaje al Papa Emérito Benedicto XVI, quien falleció el pasado 31 de diciembre, a los 95 años de edad.

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Desde que sus restos mortales fueron expuestos en las primeras horas del pasado lunes en la Basílica de San Pedro, miles de personas comenzaron una larga fila para despedirse del Sumo Pontífice que renunció al papado en febrero de 2013.

Los seminaristas mexicanos Alberto Estrada, de la Arquidiócesis de Monterrey; y Pablo Guillermo Almazán, de la Orden de Clérigos Regulares, nos narran la experiencia que vivieron al estar sólo unos segundos frente a los restos mortales de Joseph Ratzinger, el Papa Benedicto XVI, en medio del clamor cada vez más generalizado, para que la Iglesia declare santo y Doctor de la Iglesia a este teólogo extraordinario.

El Papa emérito Benedicto XVI en la capilla ardiente, antes de la misa de exequias y entierro / Foto: María Langarica

El Papa emérito Benedicto XVI en la capilla ardiente, antes de la misa de exequias / Foto: María Langarica

Frente a un santo

Por: Alberto Estrada, seminarista de la Arquidiócesis de Monterrey.

Mi sueño siempre era poder extender mi mano y saludar al Papa Emérito Benedicto XVI, sueño que no logré cumplir.

Pero ahora, al enterarme de su muerte mi corazón sentía una tristeza a la vez que alegría: tristeza por no poder estrechar su mano y recibir su bendición en persona, alegría porque sé que Su Santidad reposa ya en la casa del Padre.

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El lunes al despertarme y participar en la santa Misa le pedía a Dios por su alma, después tuve la bendición de acudir a la Basílica de San Pedro y realizar la fila para pasar frente a su cuerpo. Mi mente me decía que serían solo un par de segundos pero eso me bastaba para poder estar frente a él.

Y fue así, pasé sólo un par de segundos como todos los feligreses. Un silencio retumbaba en la Basílica.

Pero para mi sorpresa tuve la fortuna de estar frente a su cuerpo pidiendo por su alma, en mis manos sostenía un rosario y una pequeña imagen de la Virgen de Guadalupe a quien sé que él tenía un gran cariño, a ella y a nosotros los mexicanos.

Orar frente a su cuerpo fue una emoción inexplicable porque estuve frente a quien será en unos años, seguro estoy, elevado a los altares como Santo y, ¿por qué no?, Doctor de la Iglesia Católica.

Un seminarista mexicano ora ante el cuerpo sin vida del Papa Emérito Benedicto XVI / Foto: María Langarica

El seminarista mexicano Alberto Estrada ora ante el cuerpo sin vida del Papa Emérito Benedicto XVI / Foto: María Langarica

Por siempre en nuestros corazones

Por: Pablo Guillermo Almazán Gómez Tagle, C.R.

La figura que representa para los Cristianos el Papa emérito Benedicto XVI es aquella del Papa silencioso, estudioso, celoso en la liturgia, hombre de oración y ferviente predicador de Cristo. Hoy al ver su cuerpo ya cansado, sus manos desgastadas por el arduo trabajo de Pastor que ejerció por su rebaño, manos que deleitaron y seguirán deleitando a tantos por generaciones por medio de sus escritos, manos que aún en su lecho se abrazaban al Santo Rosario me conmovieron infinitamente, me edificaron y me impulsan a continuar en mi camino de formación sacerdotal.

Los fieles rezamos por él, le mostramos el afecto que tenemos hacia él con la espera en las largas filas de miles de personas que querían entrar por un pequeño instante para expresarle una vez más nuestro afecto, para sentirlo aún cercano entre nosotros, paciente, sencillo y docto, guía y ejemplo de caridad, pero sobre todo de humildad, que con la propia vida en cada momento manifestó.

El ver a toda la gente que con tanto fervor y tanta fe entraban con llanto y sincera devoción me hizo considerar que es un grande hombre que permanecerá por siempre en los corazones de los fieles católicos, porque le daremos una segunda vida como él mismo decía, con nuestro recuerdo, pero sobre todo siguiendo su ejemplo de calidez y amor por la tradición de nuestra amada Iglesia que busca por medio de la liturgia exaltar y llegar a Dios en cada uno de los momentos y ritos en la sagrada eucaristía.

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