Historias de Fe

El tejedor oaxaqueño devoto de la Virgen de Guadalupe

Don Gil es el único tejedor varón de crochet de su pueblo; su devoción fue el impulso para crear su pieza más elaborada.
Gildardo Herández, tejedor crochet de Oaxaca. Foto: María Langarica
Gildardo Herández, tejedor crochet de Oaxaca. Foto: María Langarica

Un ganchillo, hilo y la devoción a la Virgen de Guadalupe que trae desde la cuna, son las principales herramientas de trabajo de don Gil, como se le conoce en su comunidad, al único tejedor de crochet de Mitla, en Oaxaca.

Gildardo Hernández es uno de los artesanos textiles que participan en la muestra Rosas y revelaciones organizada por la maestra textil, Linda Hanna, quien reunió a más de 70 artesanos de diferentes comunidades indígenas para plasmar la devoción que sienten por la Virgen de Guadalupe. 

Leer: 70 artistas textiles exhiben su devoción a la Virgen de Guadalupe

Una de las piezas más impactantes, debido al detalle y presión del tejido, fue el de don Gil, pues tejió un laborioso rebozo en crochet con la imagen de la Virgen de Guadalupe, el cual le llevó más de 1,800 horas, es decir, cerca de cinco meses.

Tejedor desde los 10 años

“Crecí entre las artesanías, los telares y la devoción a Mamá Guadalupe. En mi infancia y mi adolescencia no jugué, sólo trabajé, pues había que ayudarle a mis padres a llevar el sustento a la casa”.

 “Antes de salir a vender, mis padres le dedicaban una oración a la Virgen de Guadalupe frente al altar, y se encomendaban para que hubiera buena venta”.

Vestimentas típicas con bordados de la Virgen de Guadalupe. Foto: María Langarica

Vestimentas típicas con bordados de la Virgen de Guadalupe. Foto: María Langarica

“Desde los siete años acompañaba a mi madre a vender las artesanías que ella confeccionaba en su telar de cintura. Tendíamos el puesto a los pies del árbol del tule desde temprano y por la tarde regresábamos a la casa; nos persignábamos y dábamos gracias a la Virgen, comíamos y seguíamos tejiendo”, recuerda don Gil.

Su gran maestra fue su madre, pues fue ella quien descubrió el gran talento artístico de don Gil. “Un día la vi realmente agotada por tejer grandes cantidades de cajones de blusas, le dije que me enseñara, me respondió: ‘si te animas a tejer, lo primero que tienes que hacer es encomendarte a Mamá Guadalupe y luego agarras el hilo’, y así lo hice”. 

Su padre fue el primero en protestar, pues en esa época la tradición oaxaqueña dictaba que los hombres trabajaban en el campo y las mujeres bordaban. “Mi madre le respondió que me tenía ganar el sustento de alguna forma y aún sigo sosteniéndome de esta herencia que me dejó”. 

La ausencia de su maestra

Poco a poco don Gil fue ganando fama en el pueblo. “Estaba participando en una exposición en la Ciudad de México, cuando me llamaron mis hermanos para decirme que mi mamá había muerto. Se me vino el mundo abajo, caí en depresión”. 

A partir de ese momento pasaron 10 años donde no se atrevió a volver a tejer, asegura que sus hermanos fueron gran apoyo para él, pero se sentía muy afectado.  “Ya estaba resignado”, comenta. 

Sin embargo, los planes de ‘Mamá Guadalupe’ eran otros. Linda Hanna, una artista textil estadounidense se dio a la tarea de recorrer varias comunidades indígenas para encontrar a los artesanos más talentosos. “Cuando Linda les habló a las tejedoras de Mitla de la muestra textil sobre la Virgen, ninguna aceptó. Le comentaron que yo era el adecuado porque además de ser guadalupano era el mejor tejedor de crochet el pueblo”.  

La organizadora incluyó creaciones de artesanos textiles de todo el país. Foto: María Langarica

La organizadora incluyó creaciones de artesanos textiles de todo el país. Foto: María Langarica

“Cuando vi a Linda mi corazón saltó de gusto, porque una noche antes yo le había pedido a la Virgen que me ayudara a decidir qué hacer con mi vida”. 

Él aceptó de inmediato participar en la muestra y le pidió a la Virgen que le diera la fortaleza de tomar nuevamente sus hilos y su ganchillo. “Decidí hacer un rebozo porque era una forma expresar el abrazo de una madre, y en la espalda a la Virgen, la madre de todos. Antes de iniciar a tejer, tuve que llevar mis hilos y mi ganchillo a la Iglesia de Mitla para que el padre bendijera mis herramientas de trabajo, y luego manos a la obra”. 

Asegura que aún vive del telar y del crochet, pero le debe a la Virgen de Guadalupe el haberlo rescatado de la oscuridad. “Ahora, cada trabajo que realizo es un tributo a mis dos madres”.

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