Las monjas dominicas del monasterio de Santa Catalina de Siena elaboran artesanalmente la Rosca de Reyes, una tradición que sostiene su vida contemplativa desde hace décadas. Foto: Luis Aldana/DLF
El inconfundible y exquisito aroma a pan recién horneado anuncia la cercanía del Día de Reyes en el monasterio de Santa Catalina de Siena, en la Ciudad de México. Para esta comunidad de hermanas dominicas, la elaboración artesanal de la Rosca de Reyes no es solo una tradición gastronómica, sino una historia de oración, trabajo comunitario y sustento que comenzó en 1970, cuando aprendieron repostería para financiar la reconstrucción de su monasterio.
Te recomendamos: ¿Qué significa que te salga el Niño Dios en la Rosca de Reyes?
Fundado en 1593, el monasterio de Santa Catalina de Siena ha caminado de la mano de la historia de México. No han sido pocos los momentos difíciles, entre ellos las exclaustraciones provocadas por los cambios del país, como ocurrió tras la aplicación de las Leyes de Reforma en el siglo XIX. A lo largo de los siglos, la comunidad ha aprendido a adaptarse sin perder su identidad contemplativa ni su compromiso con la vida religiosa.
“La historia del monasterio ha estado marcada por muchas pruebas, pero siempre hemos buscado salir adelante confiando en Dios”, explica Sor María del Carmen Jiménez Pacheco, quien es la sub-priora de las hermanas dominicas.
La venta de productos de repostería no siempre fue una fuente de ingresos. La casa que actualmente habitan, adquirida en 1947, se encontraba prácticamente abandonada. Para 1970, presentaba goteras, muros agrietados y no contaba con un espacio adecuado para el noviciado.
“Queríamos reconstruir el monasterio para tener casa de noviciado y que hubiera más vocaciones, pero no teníamos recursos”, relata Sor María del Carmen. Fue entonces cuando una bienhechora les propuso aprender repostería y se ofreció a enseñarles.
“Ella nos enseñó la masa del pan de muerto, para Reyes, los buñuelos y muchas de las pastas que todavía hacemos. Antes solo se preparaba repostería para regalar a los bienhechores, no para vender”, explica.
Te recomendamos: ¿Qué se hace con los niños de la Rosca de Reyes?
El origen de la Rosca de Reyes se remonta a la antigua Roma, durante las festividades en honor al dios Saturno. En aquellas celebraciones se acostumbraba esconder una moneda o un dulce dentro de un pan; quien encontraba el “tesoro” era nombrado rey por un día.
Con la expansión del cristianismo, esta práctica adquirió un significado más profundo y se vinculó con el relato bíblico de la Epifanía del Señor, que narra la búsqueda de los Reyes Magos para encontrar y adorar al Niño Jesús, nacido en Belén.
Según el Evangelio, los Magos consultaron a Herodes, quien, temeroso de perder su poder, ordenó perseguir al recién nacido. Advertido en sueños por un ángel, San José huyó junto con María y el Niño hacia Egipto para protegerlo. Este pasaje quedó simbolizado en la rosca como recuerdo tanto de la búsqueda de los Magos como del ocultamiento del Niño para salvar su vida.
No fue sino hasta el reinado de Luis XV, en Francia, cuando la rosca se popularizó en Europa y se consolidó como tradición. Posteriormente, el Roscón de Reyes llegó a España a través de la dinastía borbónica y, desde ahí, se difundió hacia América. En México, la tradición encontró una expresión propia, con ingredientes y estilos que hoy forman parte de la identidad cultural del país.
Para los cristianos, la forma circular de la rosca representa el amor infinito de Dios, un amor sin principio ni fin, manifestado plenamente en Jesucristo, quien se revela al mundo en la Epifanía.
Actualmente, las 20 hermanas que viven en el monasterio de Santa Catalina de Siena cuidan esta tradición con especial esmero, procurando que cada ingrediente sea natural y elaborado de manera artesanal, desde el relleno hasta los decorados que coronan la Rosca de Reyes.
La adquisición de los ingredientes se realiza de forma metódica y con anticipación, pues muchos de ellos los consiguen con uno o incluso dos meses de antelación, especialmente el higo, que se utiliza para preparar la mermelada o conservar la fruta, con el fin de que las roscas de Reyes se elaboren siempre frescas y con la mejor calidad.
Durante muchos años, las hermanas contaron con una higuera dentro del monasterio, de la que obtenían el fruto para la conserva; sin embargo, una plaga terminó por secarla y hoy deben adquirir el higo en otros lugares. “Antes todo salía de aquí, pero la higuera se perdió y ahora tenemos que comprar fuera, cuidando mucho la calidad”, recuerda Sor María.
Algo similar ocurre con otros ingredientes. La nuez, por ejemplo, la consiguen en Ozumba, Estado de México, gracias al apoyo de familiares de una de las religiosas, mientras que otros insumos los adquieren en mercados tradicionales de la Ciudad de México. Una rosca grande lleva seis muñequitos, la mediana cuatro y la pequeña dos. También pueden elaborarse roscas sin relleno si así lo solicitan los clientes, especialmente en el caso de personas con necesidades específicas, como quienes padecen diabetes.
Te recomendamos: Carta para los Reyes Magos: Para que los niños den gracias por sus regalos
La elaboración artesanal de la Rosca de Reyes tiene su método y exige orden, a decir de Sor Carolina Jiménez, ecónoma del monasterio de Santa Catalina de Siena, quien subraya que las hermanas buscan mantenerse fieles a la receta original, aunque con el paso del tiempo algunos ingredientes han tenido que sustituirse, como el acitrón, elaborado con biznaga, una planta actualmente en peligro de extinción.
“Uno de los primeros pasos es la planeación. Primero rompemos el huevo y vemos cuántas tandas vamos a hacer, porque cada tanda lleva 800 gramos de harina. Separamos las yemas, que son más que los huevos enteros”, detalla.
De acuerdo con la ecónoma, la calidad de los ingredientes es fundamental: “La pasta lleva harina, mantequilla y huevo, pero más yema que clara. Siempre usamos mantequilla, no margarina. Los huevos no son refrigerados, son frescos”, añade.
El proceso continúa con el batido de la mantequilla y el azúcar, que se acreman cuidadosamente. Al día siguiente, la mezcla se vuelve a batir antes de incorporar la harina. “La masa se deja integrar hasta que queda tersa; luego se añade la levadura. El huevo se rompe diario, no usamos huevo congelado”, subraya sor Carolina.
El batido puede extenderse hasta dos horas y media, “hasta que la masa se despega de las manos”. Finalmente, las roscas se colocan en carritos especiales para reposar y esponjar, antes de pasar a la etapa final de decorado y horneado.
Cabe resaltar que en el monasterio, los oficios no son fijos. Cada hermana recibe una encomienda que suele renovarse cada año o cada tres años, según las necesidades de la comunidad. Sin embargo, en las llamadas “fechas fuertes”, como la temporada de Rosca de Reyes, muchas dejan temporalmente sus tareas habituales para sumarse a la elaboración.
Sor Carolina recuerda que ingresó al monasterio a los 18 años sin saber repostería. “Mi primer trabajo fue hacer ‘lengüitas’”, la pasta que decora la rosca, explica. Tras su formación y votos perpetuos, le asignaron oficios como “la amasada”.
“Afortunadamente no nos tocó la época en que las hermanas batían a mano, pero sí estuve cuando apenas contábamos con dos batidoras viejitas, pero funcionaban muy bien. Gracias a Dios nos donaron otra batidora más grande, y con otros apoyos, aunque el cuidado de la receta sigue siendo el mismo”, puntualiza.
Para las hermanas dominicas, el trabajo nunca está separado de la vida espiritual, pero la organización de los tiempos es clave para que la elaboración de la Rosca de Reyes no interfiera con su vocación contemplativa ni con los momentos de oración comunitaria.
“Acomodamos los tiempos para no descuidar la Liturgia de las Horas. El trabajo nunca sustituye la oración”, afirma Sor María del Carmen, al explicar que cada actividad se integra a la vida del monasterio como una forma de servicio y confianza en la providencia de Dios.
De este modo, señala la hermana, la jornada se estructura entre la oración, el amasar y el trabajo en equipo, recordando que el esfuerzo cotidiano también puede convertirse en una ofrenda, siempre que mantenga como centro la vida espiritual que las sostiene como comunidad y sea una forma concreta de vivir su vocación y de confiar, una vez más, en la providencia de Dios.
Además de la rosca de Reyes, podemos disfrutar de su sazón en distintas temporadas:
Quienes deseen adquirir la Rosca de Reyes del monasterio pueden acudir directamente a Plaza Gómez Farías núm. 8, colonia San Juan, Mixcoac, a unas cuadras del Parque Hundido. Para pedidos especiales, está disponible el teléfono 55 55 63 12 53. El pago es únicamente en efectivo.
Con información de Josselin Melara: El origen de la Rosca de Reyes
¿Acabarás bien el año 2026?, yo supongo que si acaso aparece algún inconveniente estarás preparado…
¿Quién fue Louis Braille? Conoce la historia del músico, maestro y creador del sistema que…
En tiempos de tensión internacional, el Papa León XIV llama a cuidar la palabra y…
“Los tres Reyes Magos, siguieron la estrella del Hijo de Dios que se hizo Hombre…
La ciudad de San Francisco, símbolo de modernidad y vanguardia, tiene un origen profundamente espiritual…
No todos levantan los ojos para descubrir la estrella. No todos aceptan el desafío del…