“Llévame donde los hombres necesiten tu Palabra…”

P. Óscar Arias Bravo

Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, llamó Jesús a los doce, los envió de dos en dos, y les dio poder sobre los espíritus inmundos. Les mandó que no llevaran nada para el camino: ni pan, ni mochila, ni dinero en el cinto, sino únicamente un bastón, sandalias y una sola túnica. Y les dijo: “Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta que se vayan de ese lugar. Si en alguna parte no los reciben ni los escuchan, al abandonar ese lugar, sacúdanse el polvo de los pies, como una advertencia para ellos”. Los discípulos se fueron a predicar el arrepentimiento. Expulsaban a los demonios, ungían con aceite a los enfermos y los curaban. (Mc. 6,7-13)


“Llévame donde los hombres necesiten tu Palabra…”

Meditatio

El Evangelio según san Marcos es el que más rápidamente desarrolla la narración de la actividad misionera de los discípulos. En los capítulos anteriores, leíamos cómo Jesús había elegido a sus discípulos, y cómo ellos lo seguían y aprendían la forma en que ayudaba y curaba a las personas. De hecho, el domingo pasado escuchamos dos milagros que realizó: la curación de la hija de Jairo y a la mujer con hemorragias, quien discretamente tocó su manto con gran fe, y logró sanar.

En el texto del Evangelio que escuchamos este domingo, el Maestro agrega algunas características: envía a sus discípulos de dos en dos. Esta referencia nos recuerda el Antiguo Testamento (Dt.7,6) donde eran necesarios al menos dos testigos para dar un testimonio sobre alguien, para salvarle la vida o para condenarle a muerte.

Otra de las características que menciona el texto de este domingo es que los apóstoles tienen que emprender el viaje con lo básico, no llevar ni pan ni morral ni dinero, sólo lo necesario: un bastón, una túnica, unas sandalias. Al parecer, también aquí que se hace referencia a un momento esencial para el Pueblo de Israel, el Éxodo (12,11) donde las prescripciones son muy parecidas: llevar sólo lo necesario para el camino.

Contemplatio

Ahora, siguiendo con este ejercicio de escudriñar la Palabra de Dios, podemos adentrarnos un poco en la voluntad de Jesús: ¿cómo quiere que sus discípulos lleven su mensaje? Acompañados, de dos en dos, en equipo, en comunidad; por un lado y por otro, yendo ligeros de equipaje.

El evangelio de este domingo coincide con los cambios que en varias parroquias de esta arquidiócesis se están viviendo; somos varios los padres que en una o dos semanas tendremos que dejar nuestras comunidades para ir a otras encomiendas. Coincide también con una nueva estructura en el Seminario, la cual busca responder a la realidad que nos presenta el mundo de hoy.

Coincide además con la propuesta que el nuevo Arzobispo nos ha hecho de vivir en “Unidades Pastorales”; es decir, que los sacerdotes procuremos no vivir solos, sino en pequeñas comunidades, con la compañía de uno o dos sacerdotes, que juntos enfrentemos los desafíos de la atención pastoral y la vida cotidiana.

En una reunión en la que se reflexionaba a este respecto, vi que algunos sacerdotes están dispuestos a vivir esta nueva etapa, mientras que otros han visto esta propuesta de una manera no muy feliz; se han sentido “ofendidos” por las nuevas disposiciones que el Cardenal propone; algunos sostienen que el sacerdote diocesano no está formado para vivir en comunidad, que para ello, mejor se hubieran hecho religiosos.

Por mi parte, creo que todavía no me queda claro qué postura tomar, pero al menos, este Evangelio me ayuda para poder ver de frente a Jesús y preguntarle a Él, qué es lo que más conviene para esta Iglesia local.

Sé que es muy difícil descubrir quién tiene la razón al cien por ciento; entiendo que todos los que defienden posturas, algún motivo tienen para mantener su pensamiento. Tal vez será que a mí me gusta “viajar ligero”, estar siempre dispuesto a un cambio, a servir donde más se requiera, donde haga más falta.

Me gusta escuchar estos días una canción religiosa que dice: “Llévame donde los hombres necesiten tu Palabra, necesiten tus ganas de vivir; donde falte la esperanza, donde falte la alegría simplemente, por no saber de Ti…”

Oratio

Señor Jesús, en este tiempo de cambios, te pido que nos ayudes a conservar lo inamovible de nuestra opción por Ti; que nos quedemos con aquello a lo que no podemos renunciar, lo básico, pero que sólo sea lo necesario. No permitas, por favor, que nos llenemos de otras intenciones, otros juicios o intereses por encima de nuestro ministerio y de nuestra opción por Ti.

Actio

Esta semana procuremos dejar algo a lo cual ya nos habíamos acostumbrado, pero que no es indispensable para vivir.