Cielo y Tierra: Recordar y celebrar

Alejandra María Sosa Elízaga

Pregunté a una pareja de enamorados ancianitos que celebraron sesenta años de casados, cómo hacen para mantener vivo su amor tantos años. Dijeron que no dejan que el tiempo o la rutina les haga olvidar su amor, y siempre recuerdan y celebran el día en que se casaron.

¡Qué gran sabiduría, recordar y celebrar lo importante para no dejarlo caer en el olvido!


Es lo que hace la Iglesia, invitándonos a recordar y celebrar, cada año, lo que le da sentido a nuestra fe y a nuestra vida: la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. En apenas tres días (el ‘Triduo Pascual’), nos da la oportunidad de sacudirnos la rutina y la desmemoria, y dejarnos alegrar, sorprender, conmover, iluminar, fortalecer, contemplando y escuchando lo que Jesús hizo por nosotros. Sólo tres días, pero nos cargan las pilas ¡para el resto del año!

Jueves Santo

En la mañana, se celebra la ‘Misa Crismal’ en Catedral, en la que se bendicen los ‘Santos Óleos’, que se usan para ungir a quienes se bautizan, se confirman, reciben la ordenación, y a los enfermos y ancianos. Y también los presbíteros renuevan sus votos sacerdotales. Recordamos que formamos parte de la familia del Padre, mediante el Bautismo; que Su Espíritu Santo nos colma de dones y de frutos en la Confirmación; que con la Unción de Enfermos se fortalecen quienes sufren, y que Dios se aseguró que no nos falten quienes nos administren Sus Sacramentos. ¡Razones de más para celebrar!

En la tarde, en la ‘Misa de la Institución de la Eucaristía’, recordamos la primera vez que Cristo transformó el pan y el vino en Su Cuerpo y Su Sangre. Celebramos que, desde entonces, nos dejó ¡Su Presencia Real en la Eucaristía!; celebramos que tenemos el extraordinario privilegio de que ¡Dios se haga presente en cada Misa, que podamos contemplarlo, adorarlo, recibirlo como alimento! Y celebramos que esa noche el Señor dio a Sus apóstoles, y obviamente a los sucesores de éstos, la potestad de hacerlo presente entre nosotros.

También recordamos el momento en que Jesús nos dio ejemplo de humildad y de servicio lavando los pies de Sus discípulos. Celebramos que nos dio un camino concreto para amar, un medio para alcanzar la santidad.

Viernes Santo

En la mañana, se acostumbra realizar un viacrucis, al final del cual se da el ‘sermón de las siete palabras (o frases) que Jesús pronunció en la cruz. Recordamos lo que dijo san Pablo respecto a Cristo: “Me amó y se entregó a Sí mismo por mí” (Gal 2,20).

Por la tarde, se lleva a cabo la ‘Liturgia de la Pasión’. Es el único día del año en que no hay Misa en ningún lugar del mundo. La Iglesia calla, azorada, ante la muerte de su Señor. Los ministros entran en silencio, y se postran en el suelo. No hay palabras para agradecer el altísimo precio que pagó Cristo para rescatarnos de la muerte y el pecado. Es día de ayuno, de abstinencia, de abrir el corazón al arrepentimiento y a la conversión.

Vigilia Pascual

Al caer la noche del sábado, tiene lugar la Solemne Vigilia Pascual, en la que recordamos y celebramos lo que le da sentido a nuestra fe. que Jesús ¡resucitó!

La oscuridad rota por la luz del cirio que representa a Cristo; el pregón pascual, las Lecturas que nos hablan de la alianza de amor de Dios con Su pueblo; poder renovar las promesas que hicieron por nosotros papás y padrinos en nuestro Bautismo, ser rociados con el agua pascual y recibir en Comunión al Resucitado, hace de ésta la más grande celebración de todo el año, en la que recibimos ¡bendición tras bendición!

Domingo y Octava de Pascua

La Pascua es lo que da sentido a nuestro cristianismo. Si Cristo no hubiera resucitado, nuestra fe no tendría sentido. Por eso la Iglesia la celebra durante cincuenta días, de los cuales, los primeros ocho, en la llamada ‘Octava de Pascua’, es como si el tiempo se detuviera, y todos los días fueran Domingo de Resurrección. Aprovechemos este tiempo para recordar y celebrar que gracias a Jesús, la muerte ya no es final, es umbral, puerta abierta de par en par, hacia la eternidad.