Una de las menciones al descanso que encontramos en la Biblia está en el Evangelio según san Marcos (Mc 6, 30-34):

“En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces Él les dijo: ‘Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco’. Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer.

Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas”. 

¿Qué nos enseña la Biblia sobre el servicio y el descanso?

A inicios del capítulo 6 del Evangelio de san Marcos, aparece Jesús en la Sinagoga de Nazaret, su tierra, enseñando a sus propios paisanos y familiares que lo conocían de toda la vida; sin embargo, ahí no pudo hacer muchos milagros por la incredulidad de aquellos que le eran cercanos.

Es así que envía a sus discípulos, digamos a su primera misión. Después de la muerte del Bautista, regresan, contándole todo lo que habían hecho y enseñado. Es entonces que el Maestro los lleva a un lugar aparte para descansar un poco, ya que no tenían tiempo ni siquiera para comer (verso 31).

Para los judíos, un precepto fundamental era el descanso del Shabbat; desde el relato de la creación (Gén. 2,2) se narra que Dios mismo descansó, cesó de trabajar, un día santo en el que no se trabajará. Así lo instruye el Éxodo (20,8), santificarás tu semana con el descanso del sábado, en honor del Señor tu Dios. De manera que con el cesar de hacer nuestra labor cotidiana, honramos a Dios.

Hacer bien nuestras tareas y a la vez aprender a descansar es importante en nuestra vida de fe.

A Jesús mismo le reclamarán: ¿por qué Él y sus discípulos no guardan, el sábado? (Mc. 2,23) a lo que Jesús responde que antes que un precepto de ley, el ser humano siempre será dueño del tiempo y ayudar a alguien que lo necesita, será siempre prioridad. “El sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado” (2,27)

Recapitulando estos dos conceptos, podemos reflexionar que un elemento muy importante de nuestra fe es saber cesar en nuestras actividades, darnos un tiempo para reponernos, para pensar, para contemplar, para santificar el tiempo, para orar, para darnos la oportunidad de estar con quienes amamos.

Tomarnos un tiempo para hacer oración es indispensable. Foto: Cathopic

Al contrario de una mentalidad mercantilista que afirma: “Time is money” (El tiempo es oro) y que se piensa que si uno descansa, está desperdiciando la oportunidad de adquirir un mayor número de bienes. Es muy importante ayudar a las personas a que sepamos descansar. ¿Cuántos adultos mayores trabajaron de sol a sol toda su vida y ahora que podrían descansar, ya no cuentan con la salud o vida, para disfrutar plácidamente de su esfuerzo?

Por otro lado, el Evangelio que hemos escuchado este domingo termina diciendo que Jesús, viendo a la multitud que lo seguía, sintió compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor. Así, el mayor precepto observado por Él, no fue el sábado, sino el ser humano necesitado de su amor, de su ayuda, de su intercesión ante el Padre.

No por nada el Concilio Vaticano II, en su constitución pastoral sobre la Iglesia en el Mundo, Gaudium et spes; presenta a Dios como el eterno enamorado del ser humano. Y nos deja esa tarea a quienes decidimos seguirlo: saber tomarnos un tiempo para descansar con Jesús y estar siempre atentos a las necesidades de los demás.

Las dificultades, enfermedades y problemas, no deben impedirnos captar la presencia amorosa de Dios. Foto: Cathopic

Hace unas semanas, escuché al Obispo Auxilar Luis Manuel Pérez Raygoza, con ocasión de visitar a los sacerdotes ancianos de esta diócesis, afirmar: “al encontrarme con ustedes, me encuentro con el Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas”. Qué mejor imagen de quienes han dedicado su vida al servicio, que muchas veces no tuvieron tiempo para sí, porque viendo las necesidades de otros, sintieron compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor…”.

 

P. Oscar Arias

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