El perdón de Dios no borra las consecuencias, las transforma. En ellas aprendemos a sanar, crecer y parecernos más a Cristo.
Es verdad que Jesús pagó el precio eterno del pecado, pero no eliminó automáticamente todas sus consecuencias temporales. Estas siguen existiendo como parte del proceso de conversión, libertad y crecimiento personal.
Desde la perspectiva bíblica y teológica, el sacrificio de Jesús (servicio por amor a los hombres y muerte hasta sus últimas consecuencias) tiene como objetivo principal la redención eterna del ser humano: es decir, la reconciliación con Dios y la apertura del camino a la vida plena y definitiva. Sin embargo, esto no significa que desaparezcan las consecuencias temporales del pecado en nuestra vida cotidiana.
Veamos por qué esto es así:
Te recomendamos: ¿Por qué los católicos nos damos tres golpes en el pecho durante el “Yo Pecador”?
Jesús no quiere esa división entre Sus seguidores. Él oró así a Su Padre: Que…
El evangelio de San Juan dedica varios pasajes a indicar la transición entre Juan Bautista…
La costumbre, introducida por los frailes franciscanos durante la colonia, propone un paréntesis para la…
La religión católica nos conduce de manera única al encuentro con Dios. Estos son los…
La peregrinación es un acto de devoción que ofrece una oportunidad de renovación espiritual, encuentro…
De acuerdo con leyendas populares británicas, a San Dunstán se le atribuye haber engañado y…