Consagración Eucarística. Transubstanciación. Foto: Cathopic
En la Santa Misa solemos escuchar que los fieles decir: “¡Señor mío y Dios mío!” en el momento de la Consagración del Cuerpo y la Sangre de Cristo. ¿De dónde surge esta expresión? ¿Es correcto decirla? Vayamos por partes.
Después de la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo, los discípulos se encontraban reunidos en una casa, a puertas cerradas, por miedo a los judíos, y por la incertidumbre de lo que sería su envío como discípulos misioneros después de que el Maestro había muerto en la Cruz.
Pero el Señor Resucitado entró en aquella soledad de los apóstoles y, les mostró las llagas de la Pasión, no para recriminarles su abandono, sino para reconciliarlos en el amor y para que fueran a anunciar el Reino de Dios, llenándolos de paz.
Sin embargo, cuando Jesús se les apareció por primera vez a los apóstoles, Tomás no estaba con ellos y no lo vio. Cuando le platicaron emocionados que habían visto al Resucitado, Tomás no les creyó; se le hacía imposible, y entonces exigió meter sus dedos en las llagas de sus manos y pies, y meter su mano en la herida del costado para poder creer.
Jesús lo entiende con su paciencia nacida del amor. La fe de Tomás es preciosa para Cristo y lo necesita para que sea Su testigo hasta los fines del mundo.
Por eso, otra vez se les apareció, pero podríamos decir que manera especial a Tomás, el incrédulo. Y entonces le pidió que metiera sus dedos y su mano en sus heridas gloriosas, y Tomás se rindió ante la evidencia y tan sólo alcanzó a exclamar: “Señor mío y Dios mío”.
La Consagración del Cuerpo y la Sangre de Cristo durante la Santa Misa es un momento muy solemne en el que en algunas iglesias se acostumbra tocar una campanita.
Es un momento para adorar en silencio, para postrar el corazón ante el Señor presente en la Eucaristía.
Justo en este momento, hay quien acostumbra decir en voz alta: “Señor mío y Dios mío” (Jn 20,28). Es decir, las palabras con las que Santo Tomás se dirigió a Jesús.
Los fieles han hecho suya esta expresión porque se trata de la proclamación de la divinidad de Jesús, pues Tomás es el primero que, ante la falta de evidencias, cae rendido ante el Resucitado, y lo confiesa con dicha expresión.
Sin embargo, esta bella devoción no está contemplada en la liturgia, por lo cual quien la realiza debe hacerlo en silencio para no interrumpir la adoración de los demás. Las normas litúrgicas piden a los fieles que, en ese momento, contemplen la divinidad del Señor en silencio.
RDAF
Lecturas y el Evangelio que corresponden al 13 de abril 2024, fecha del Jueves Santo…
El rancho de Izaguirre en Teuchitlán Jalisco es solamente un botón de muestra de lo…
Un Cristo monumental tallado en cartón y unicel, que mide 18 metros de altura por…
Dios es el que regala la semilla de la esperanza, pues Él acompaña y enseña.…
La película Rabbuní narra la experiencia espiritual de un grupo de mujeres durante un taller…
Levántate de tus tropezones y échale ganas a esta recta final antes de Semana Santa
Esta web usa cookies.