Ilustración: Alejandra María Sosa
Querido San José, obrero,
santo patrono de los trabajadores:
Tú que conoces el valor del trabajo,
que con tu esfuerzo conseguías
el sustento cotidiano para Jesús y María
ruega por nosotros.
Que a nadie le falte la bendición
de un trabajo digno donde ejercer
los dones y talentos que Dios le dio
para gloria Suya, bien de muchos
y su propia santificación.
Que quien trabaja no se proponga
como solo objetivo su propio beneficio
y mucho menos perjudicar
a quienes considera enemigos.
Que el trabajo nunca sea
ni explotador ni esclavizante,
ni se busque obtener ilícitas ganancias
a costa del sufrimiento de la gente.
Que nadie se conforme
con realizar su trabajo de manera mediocre,
sino con la conciencia de trabajar para el Señor
y así esforzarse en dar lo mejor.
Que quien trabaja logre captar
que ha de laborar para su santificación,
y que aun el tedio de la rutina y el cansancio,
ofrecidos al Señor y vividos con amor,
son medios para alcanzar la salvación.
San José obrero, ruega a Dios, con María,
por todos los trabajadores,
para que como tú, realicen día a día su labor
con rectitud, pasión, perseverancia y alegría,
y en todo busquen cumplir la voluntad del Señor. Amén.
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