La reliquia de la cuna de Jesús se encuentra en la Basílica de Santa María la Mayor.
Esta nota se actualizó el 19 de diciembre de 2025
Durante la Navidad, el misterio del nacimiento de Jesús invita a los fieles a contemplar con mayor profundidad los signos que rodearon la llegada del Hijo de Dios al mundo. Uno de ellos es el pesebre en el que fue recostado el Niño Jesús en Belén, del cual —según la tradición— se conservan fragmentos de madera venerados hasta hoy.
Quienes escuchan que existe un lugar donde se resguardan estos restos suelen preguntarse: ¿existen realmente fragmentos del pesebre del Niño Jesús?, ¿dónde se encuentran?, ¿qué tan auténticos son?
La tradición cristiana señala que dichos fragmentos se conservan en la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma, uno de los templos más importantes del cristianismo y la iglesia más relevante dedicada a la Virgen María. Este recinto, una de las cuatro basílicas mayores de la Ciudad Eterna, destaca por su riqueza histórica, arquitectónica y espiritual. En su interior se encuentran, además, las tumbas de san Jerónimo —traductor de la Biblia al latín en la versión conocida como la Vulgata— y del célebre escultor Gian Lorenzo Bernini.
De acuerdo con la historia, en el año 432 el papa Sixto III mandó construir dentro de la primitiva basílica una representación de la Gruta de la Natividad de Belén. A partir de entonces, el templo adoptó el nombre de Santa Maria ad Praesepem, expresión en latín que significa “Santa María del pesebre”, subrayando su estrecha relación con el nacimiento de Cristo.
Siglos más tarde, en 1797, el arquitecto italiano Giuseppe Valadier diseñó el relicario de plata en el que se colocaron los fragmentos de madera que hoy se veneran bajo el Altar Mayor de la basílica, especialmente durante el tiempo de Navidad.
Aunque la devoción es profunda, la Iglesia es prudente en cuanto a la certeza histórica. Para el padre José de Jesús Aguilar, sacerdote de la Arquidiócesis de México, no es posible afirmar con total seguridad que se trate del pesebre original donde fue recostado el Niño Jesús.
“Lo más probable —explica— es que estos fragmentos hayan sido llevados a tocar el lugar del nacimiento de Jesús en Belén, por lo que se trataría de reliquias de tercer grado”.
Más allá de la comprobación histórica, la veneración de estos fragmentos remite al misterio de la Encarnación. Para los fieles, el valor principal no está en la madera en sí, sino en lo que representa: la humildad con la que Dios quiso nacer, la pobreza del pesebre y el amor con el que María y José acogieron al Salvador.
Así, la Basílica de Santa María la Mayor se convierte en un lugar privilegiado para contemplar el nacimiento de Jesús y renovar la fe en Aquel que “siendo rico, se hizo pobre por nosotros”.
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