Orar nos permite hablar con Dios. Foto: Cathopic
Esta nota se actualizó el 17 de diciembre de 2025
Aunque la Navidad es un tiempo marcado por la alegría del Nacimiento de Jesús, para muchas personas estas fechas también pueden convertirse en un periodo de tristeza, soledad o duelo. La ausencia de seres queridos, las pérdidas recientes y el aislamiento emocional suelen intensificarse en diciembre, dando lugar a lo que la psicología identifica como trastorno afectivo estacional, conocido popularmente como depresión navideña.
Ante esta realidad, el Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México, compartió diversas reflexiones y herramientas espirituales para combatir la tristeza en Navidad y mantenerse firmes en la esperanza cristiana.
De acuerdo con el Cardenal Aguiar, una de las claves fundamentales para afrontar la tristeza es vivir la fe de manera concreta y acercarse con frecuencia a la Eucaristía, especialmente en los momentos de mayor fragilidad emocional.
“La Eucaristía existe precisamente para eso: para compartir la Palabra de Dios, para fortalecer la fe y para encontrarnos con los demás en lo que creemos. Aunque sea en un grupo pequeño, tres, cuatro o diez personas, es importante tener espacios de amistad donde podamos compartir lo que vivimos”, expresó.
El Arzobispo subrayó que la vida cristiana no se vive en aislamiento, sino en comunidad, donde el acompañamiento mutuo ayuda a sanar el corazón y a recuperar el sentido profundo de la Navidad.
El Cardenal Aguiar recordó que Jesús mismo experimentó el sufrimiento y la soledad, por lo que nadie está solo en medio del dolor. Al contrario, la experiencia cristiana ofrece un camino hacia la verdadera felicidad, incluso en medio de las pruebas.
“La fe es la luz que ilumina el camino de nuestra vida. Creer en Dios y creer lo que Dios dice nos da la confianza necesaria para tomar de nuevo fuerzas y seguir adelante”, afirmó.
Para el Arzobispo Primado de México, el testimonio de una fe vivida con autenticidad se convierte también en un signo de esperanza para los demás, especialmente en una sociedad que con frecuencia se queda en la apariencia y el individualismo.
El Cardenal Aguiar respondió a la inquietud de una mujer que había perdido recientemente a su esposo y a su hermana. “Ya no tengo ganas de celebrar la Navidad”, expresó.
Ante esta situación, el Arzobispo invitó a ampliar el horizonte del corazón y a no reducir la Navidad únicamente al ámbito familiar, especialmente cuando el dolor ha dejado vacíos profundos.
“Cuando hemos perdido a quienes hacían de nosotros la fiesta y la alegría en Navidad, es importante abrir nuestro círculo. No podemos quedarnos encerrados; hay muchas personas que necesitan nuestro cariño y nuestra ayuda”, explicó.
El Cardenal señaló que este proceso se realiza poco a poco, pero insistió en que abrirse a los demás permite descubrir que todos tenemos amor, esperanza y consuelo para ofrecer.
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Finalmente, el Cardenal Carlos Aguiar recordó que la Navidad es, ante todo, un anuncio de esperanza, porque Dios se hace cercano en Jesucristo y camina con la humanidad, incluso en los momentos más oscuros.
Combatir la tristeza en Navidad, afirmó, no significa ignorar el dolor, sino afrontarlo con fe, acompañados por la comunidad, la oración y la certeza de que Dios nunca abandona a sus hijos.
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