Arquidiócesis de México

La diferencia entre optimismo y esperanza: la clave para fortalecer la familia

Dentro de la familia, el optimismo no significa lo mismo que esperanza, pues el primero viene de los anhelos humanos, es sólo decir “esto nos va a salir bien”, pero esperanza es cuando las familias dicen “esto va a salir bien porque Dios está con nosotros y nos va a guiar”, explica Mons. Héctor Mario Pérez Villarreal, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México, durante el ciclo de conferencias en el marco del mes de la familia, organizado por la Pastoral Familiar de la Arquidiócesis de México.

Para ejemplificar la esperanza, el también secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), hizo mención de las parejas que desean casarse. “Se presentan en el altar a pedirle a Dios que bendiga su matrimonio y dicen: yo te acepto a ti como mi esposo o como mi esposa, prometo serte fiel en lo próspero, en lo adverso, en la salud y en la enfermedad. Amarte y respetarte todos los días de mi vida. ¿No creen ustedes que esas palabras llevan una esperanza? Pero, ¿de dónde sale ese anhelo?”

Dios fue el que sembró ese sueño a nosotros y por eso, Él lo hará justificar y él es el único que puede responder a ese anhelo que llevamos dentro, explica monseñor Héctor Mario.

Por eso, añade, las parejas piden la bendición de Dios, pues es tener la seguridad de que Él quiere lo mismo que nosotros deseamos.

“¿Creen ustedes entonces que la esperanza necesaria en la construcción de la familia, claro que es necesario? Entonces, es este soñar con un futuro mejor, sin duda, acompañado de alegría, optimismo, pero también con realismo”.

Las necesidades del corazón no se resuelven con dinero. Foto: Especial

Lo que anhela el corazón no se consigue con la cartera

Asegura que la esperanza no está peleada con las dificultades, pues pareciera que las personas se acercan a Dios para “que les vaya bien” y no es así. Monseñor explicó que Cristo pasó por la cruz, entonces las familias, abrazados de Dios, de Cristo, siempre vencerán las dificultades, a ello se le llama esperanza.

“En las bienaventuranzas, Jesús dijo: ‘Dichosos los pobres, porque de ellos es el reino de los cielos. Fíjense que hay una definición de pobreza muy interesante en la Biblia: el pobre es el que sabe que el futuro no está en sus manos. Es decir, que aquello que anhela su corazón no lo va a conseguir con la cartera”.

Es decir, los anhelos se consiguen solamente si las personas dejan actuar a Dios en su vida. “No significa que no actuemos, al contrario. El campesino que prepara la tierra para que después siembre y las semillas den su fruto. Él trabajó y sembró su esperanza en que Dios le dará una buena cosecha. Dios se encarga de lo demás”.

Aclaró que el trabajo es necesario para construir una casa, para cuidar el cuerpo, para alimentos y resuelve muchas cosas, pero lo que no resuelve, -asegura- es el anhelo de vida eterna que Dios ha hecho para nosotros.

El camino oscuro de la indiferencia

El secretario general de la CEM dijo que en México se vive una cantidad de violencia que es inhumana, derivada a que la gente camina por la vida con total indolencia a los demás, lo que origina ilegalidad, desigualdad, polarización y mentiras.

“Hay quien me ha dicho: ´Bueno padre, es tanto caos en este mundo que dudamos que valga la pena tener hijos’. Eso me duele, y más viniendo de parejas que se aman y creen en Dios, pero les es difícil anhelar que un hijo nazca en este mundo. Bueno, ¿por qué este mundo no debe de matar nuestra esperanza?”

Al respecto, monseñor respondió que, si la esperanza está en manos del hombre, entonces no se tengan hijos, pero si la esperanza está puesta en Dios, entonces pondrán a brillar a la vida y comprender que, así como a nosotros Dios nos ha ayudado, a ellos les ayudará y les pondrá el horizonte de esperanza necesario para realizarse plenamente, dijo.

“Nunca tendremos el mundo perfecto, porque Dios ha decidido caminar en este mundo imperfecto para iluminarlo con su amor y allí escribir su historia perfecta. Tenemos muchos signos que nos desesperan, pero tenemos el signo que es el signo de Cristo que nos trae esperanza y nos permite caminar en medio de este mundo imperfecto con los ojos bien puestos desde la fe para ver la historia perfecta de Dios”.

Asimismo, Monseñor Pérez Villarreal reflexionó sobre ¿Cuál es ese mundo perfecto que va a llenar el corazón de las familias?

“Si es el de las cosas, la libertad convertida en libertinaje, la indiferencia a los demás. No, eso nunca va a satisfacer tu corazón. Por eso les pregunto, ¿se conforman en esperar solamente cosas en este mundo?, o bien ¿se atreven a escuchar a sus corazones y entender que hay un anhelo de eternidad sus hijos e hijas?”.

La esperanza radica en el corazón de la familia que está de la mano de Dios. Foto: Especial

En el mundo material no está Dios

Aunque, aclaró, las cosas materiales no son malas, no obstante, sólo satisfacen necesidades físicas o anhelos materiales, pero nada de eso responderá al anhelo profundo de corazón.

“Si no tienes quien mire te mire al corazón y te ame, vas a vivir en la soledad absoluta. La esperanza es alguien y no es algo. Pues el corazón es lo que busca una relación que nos colme. Entonces si tenemos la bendición de tener un esposo o esposa, hijos que los aman, pues eso ya es una verdadera riqueza, es un tesoro inimaginable”.

Dijo que se debe de recordar que Dios ya camina entre todos, pues acompaña, fortalece y da sabiduría a través de las dificultades para que las familias puedan vivir con plenitud.

“Dios es el ya, pero todavía no. Ya está Dios, pero no está en plenitud. Ya me bendice, pero recibí una mayor bendición. Ya me acompaña, pero después estaré completamente en su presencia. Ese es el Dios que hace presente nuestra esperanza hoy”.

El obispo auxiliar pidió a las familias que rezaran a Dios desde el corazón y dijeran: “Hágase tu voluntad, que se haga se haga presente tu reino en nuestra familia, que tu voluntad sea deseada entre nosotros, que nuestro alimento verdaderamente sea aquel que tú nos das, que nos sepamos perdonar como tú nos perdonas y que nos libres de todo mal”.

“No hay que temer a Cristo, Él no viene a juzgar, a regañar y a castigar. Él viene a acompañarnos para que nuestros anhelos sean satisfechos. A fortalecernos para que nuestros pies no dejen de caminar y nuestras manos no dejen de ayudar”, finalizó su conferencia.

Cynthia Fabila

Reportera desde hace más de 20 años, egresada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha trabajado en varios medios Milenio, El Universal Gráfico, Revista Alto Nivel, Desde la fe, entre otros.

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