Asistí a un evento social realizado en un salón, y al terminar, el lugar quedó muy sucio. Muchos de los asistentes habían dejado papeles tirados, los manteles manchados por bebidas derramadas, restos de comida, en fin, un desastre.
Le pregunté al encargado del salón si así era siempre y me contestó que no, que a veces el salón quedaba casi limpio y otras peor que en esa ocasión. “Por sus sobras los conocerás”, me dijo, parodiando la frase bíblica.
¿Qué es lo que vamos dejando tras de nosotros? Es común que siempre nos guste ver al frente, pero a veces es necesario volver la vista atrás para evaluar si lo que vamos dejando es para bien o para mal.
Si nos hacemos la pregunta de qué legado nos gustaría dejar, seguramente todos contestaremos que queremos ser recordados por haber aportado algo de valor a la vida y al mundo, pero ¿no será por descuido que a veces lo que vamos dejando a nuestro paso son solamente desperdicios? Un balance serio y honesto nos ayudaría a saber qué huellas van quedando tras nosotros.
Jesús, estando en el templo, comentó a sus discípulos la diferencia entre dar todo y dar las sobras, cuando resaltó que las moneditas de limosna que había dado una anciana valían más que lo que había dado un rico, porque éste había dado lo que le sobraba y aquella lo único que tenía.
Si el tiempo y los recursos que le dedicamos al servicio a Dios y a los demás no son los que nos sobran, sino una donación consciente de lo que tenemos, entonces sí dejaremos como legado obras y no sobras.
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