Alberto Quiroga
Un investigador hizo un experimento. Sobre una pequeña mesa de cuatro patas, puso en el medio una hoja de papel carta. No pasó nada. Luego fue colocando más, de una por una hasta juntar varios miles. Finalmente, al poner la última, la mesa se venció, partiéndose por la mitad.
Podría ser válido pensar que la última hoja fue la causante de la ruptura de la mesa, pero la realidad es que la del final tenía la misma responsabilidad en conjunto que cualquiera de las otras, incluida la primera.
Nuestra vida es la suma de pequeñas acciones, algunas que incluso pueden parecer totalmente sin sentido, pero que terminan por formar parte de un gran todo, tanto para bien como para mal.
Muchos de los cambios que sufrimos son muy sutiles para que los notemos de un día para otro; pero, ¡vaya que hemos cambiado! Basta ver nuestras fotografías de algunos años atrás, para notar que, aun siendo la misma persona, somos muy diferentes.
Cambiar no siempre es para bien. Tristemente, a veces, por pequeños detalles diarios, vamos perdiendo lo bueno casi sin darnos cuenta.
En un proceso casi imperceptible, se nos van olvidando las buenas prácticas y generalmente las sustituimos por malas, de una forma casi oculta a nuestros ojos.
Te invito a ver una fotografía tuya que tenga cierto tiempo y fíjate en los cambios, no en los físicos, sino en los otros, los que no se ven en una imagen. Recuerda los valores personales que tenías entonces y que ahora ya no tienes. Y trata de recuperarlos, sé que lo puedes hacer.
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