Hemos conocido nuestra historia a través de la tradición oral y esta a su vez se encuentra estrechamente ligada a la música. Es innegable que el contexto social se refleja en las letras de las canciones, pero también es cierto que éstas, a la par de los artistas que las interpretan, se convierten en una referencia para todos, principalmente para niñas, niños y adolescentes.

Las canciones también nos ayudan a atravesar momentos difíciles con menos dolor y de alguna manera verbalizar aquello que nos atormenta, incluso reza un dicho que “cantar sana el alma, alegra el corazón y soluciona todo mal”; y aunque probablemente no resuelva de momento aquello que nos aqueja, sin duda sí nos impulsa a un autoconocimiento desde otros ángulos.

Podría extenderme mucho sobre la influencia de la música, incluso en su aspecto negativo, por ejemplo, la manera en la que los denominados corridos tumbados han incidido en el deterioro del tejido social e incluso su repercusión en la normalización de la violencia, el consumo de drogas o la apología al crimen; lo que espero, estimado lector sea tema de una siguiente entrega.

Hoy, me gustaría enfocarme en dos aspectos positivos como: la importancia de la música en la pedagogía y la manera en la que influye en nuestro bienestar; y es que a través de diversas investigaciones se ha comprobado que el oído es el primer órgano sensorial que se desarrolla dentro del útero; lo que nos permite afirmar que los sonidos son una de las principales formas de educación y percepción.

Nuestro oído nos permite desarrollar áreas importantes en cuanto al tema educativo: un mejor progreso en la alfabetización, un incremento de la capacidad de memoria, concentración y atención, un aumento de la creatividad e incluso impulsan innovadoras formas para que las niñas, niños y adolescentes puedan expresar sus propias versiones de la realidad.

Pero, además, recordemos que la música nos beneficia e incluso de alguna manera nos permite acercarnos a un lado más positivo tanto de nosotros como de la humanidad, bien lo decía Sócrates, “la música puede imprimir una cierta cualidad en el carácter del alma”.

Diversos estudios han demostrado que cuando escuchamos música que nos agrada, el cerebro libera dopamina, neurotransmisor importante para diferentes funciones motoras pero que además tiene efectos positivos en nuestro organismo: Mejora nuestro estado de ánimo, reduce el estrés y la ansiedad, calma el dolor, reduce la depresión y fomenta la socialización, entre otras cualidades.

Continuaré ahondado sobre el tema, sin embargo, no podemos perder de vista que el canto y la canción son una de las primeras manifestaciones musicales de la humanidad, y que se le debe brindar mucha más importancia; retomar la educación musical en las niñas, niños y jóvenes podría convertirse en un mecanismo que también nos permita disminuir la violencia y acercarnos a la paz.

*El autor es analista en temas de Religión, Seguridad, Justicia, Política y Educación.

Simón Vargas Aguilar

Consultor en temas de seguridad, justicia, política, religión y educación.

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Simón Vargas Aguilar

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