Cuando una catástrofe impacta en una comunidad, la capacidad de la ciudadanía para unirse y ayudar a las víctimas es un ejemplo perdurable, como el legado de Santa Luisa de Marillac.

Nacida en 1591 en París, Francia, en una familia noble, experimentó dificultades desde temprana edad. La pérdida de su padre la dejó bajo el cuidado de su madre, quien la educó en la fe católica y fomentó su compasión por las y los menos afortunados.

Fundó en 1633 la congregación de las Hijas de la Caridad, dedicada a la asistencia de las personas pobres y enfermas. Su compasión y dedicación al prójimo se destacaron en esta labor, y la llevó a ser canonizada en 1934 por el Papa Pío XI. En 1960, el Papa Juan XXIII la proclamó “Patrona de las obras sociales”, en reconocimiento a su vida de servicio a las y los más necesitados.

Su altruismo es un legado en cada acción caritativa de la ciudadanía, especialmente en situaciones como la vivida en Guerrero tras el paso del huracán Otis, con cerca de un millón de personas afectadas en Acapulco, Coyuca de Benítez, Tecpan de Galeana y Atoyac de Álvarez, principalmente.

En momentos críticos, es esencial recordar que el apoyo de una comunidad se vuelve primordial. La historia de Santa Luisa de Marillac demuestra el espíritu de ayuda y compasión vigente durante siglos, y está en las manos de cada persona mantenerlo vivo.

La caridad no es una moda, sino un principio fundamental de las acciones cotidianas.

Al ayudar no solo brindamos apoyo material, enviamos un mensaje de esperanza y unidad, hacemos sentir a las y los afectados que no están solos.

Acciones como donar en los centros de acopio instalados en la Cruz Roja de Polanco o el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria marcan diferencia para quienes sufren.

Además, desde el Consejo Ciudadano de la Ciudad de México se ofrece apoyo psicológico ante secuelas de desastres naturales, en la Línea de Seguridad y Chat de Confianza, 55 5533 5533. Es gratuito, confidencial, 24/7 y para todo el país.

La historia de la “Patrona de las causas sociales” y la efectiva respuesta de ayuda, son un recordatorio de que compartir en beneficio de una comunidad afectada es primordial. La virtud de olvidarse de uno mismo por el bienestar de los demás es inigualable y una lección que podemos aprender de esta figura ejemplar.

Más artículos del autor: Guerrero: empatía ante la tragedia

Correo:salvadorg@consejociudadanomx.org

Twitter:@guerrerochipres

*Los textos de nuestra sección de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la Fe.

Salvador Guerrero Chiprés

Coordinador del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la Ciudad de México (C5 CDMX).

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