Soldado romano que traspasó a Jesús con la lanza
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?”. Ellos contestaron: “Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas”.
Él les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?“. Simón Pedro tomó la palabra y dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”.
Jesús le respondió: “¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos”.
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.
Revelación de Dios
Hoy llegamos un relato muy importante en el conjunto de los evangelios; los cuatro nos presentan como centro el momento en el que Jesús pide a los discípulos definirse acerca de su identidad.
San Mateo, san Marcos y san Lucas lo hacen por medio de la pregunta: ¿Quién dicen ustedes que soy yo? (Mt 16,15; Mc 8,27-28; Lc 9, 18-21). San Juan, por su parte, lo hace por medio de la pregunta “¿También ustedes me van a dejar?” (Jn 6,67-68).
En todos los casos, Simón Pedro es quien responde afirmando el mesianismo de Jesús.
En San Mateo, que es el Evangelio que leemos hoy, ocupa la mayor parte el testimonio de Jesús hacia Simón Hijo de Jonás. Veamos a detalle este discurso: en primer lugar (v.17) Jesús aclara que el origen de la revelación es el Padre y no la naturaleza humana representada por la expresión “carne y sangre”; en un segundo momento (v.18-19), el estatus y la función de Simón Pedro, piedra de la Iglesia y poseedor de las llaves del Reino.
Con respecto al origen de la revelación vemos que ya en pasajes anteriores los discípulos reconocían que Jesús era el Hijo de Dios (Mt 14,33). Pero la fórmula exacta “tú eres el Mesías, el Hijo de Dios Vivo” nunca antes había aparecido.
Es precisamente a esta confesión de fe, tan bien formulada, a lo que se refiere el Señor con la frase: “Esto no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el Cielo”.
En efecto, encontramos en otros evangelios a Jesús reconocido por los espíritus inmundos, pero Él no permitía que ellos revelaran a los humanos su identidad (cfr. Mc 1,24-25).
San Marcos por su parte, afirma que la identidad de Jesús era una pregunta recurrente de todas las personas a lo largo de su ministerio, pero solamente al morir en la cruz, un soldado romano fue capaz de afirmar: “en verdad este es Hijo de Dios” (Mc 15,39).
Podemos concluir que la revelación de la identidad de Jesucristo no es resultado de la reflexión humana, sino revelación de Dios mismo.
Mons. Salvador Martínez Ávila es biblista y Rector de la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe.
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