En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
“Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre”.
Palabra del Señor.
“Se acerca la liberación”
El evangelio dice que estemos atentos cuando sucedan todos los cataclismos del mar y las estrellas, porque se acerca nuestra liberación ¿En qué sentido estamos presos o sometidos a esclavitud, como para hablar de liberación?
El texto que leemos este primer domingo de adviento proviene del evangelio de San Lucas y es una parte del discurso de Jesús sobre la ruina de Jerusalén, o también se le considera como el discurso sobre el fin de los tiempos (Lc 21,5-36).
De los versículos 5 al 19 Jesús aborda varias descripciones de persecuciones a las que someterán a sus discípulos, incluso llega a frases como “todos los odiarán por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de su cabeza”.
Más adelante (v.24) habla de la destrucción de Jerusalén y la consiguiente deportación de sus habitantes llevados cautivos por diversas naciones.
El discurso del Señor supone que las descripciones que hace implican tanto a judíos como a sus propios discípulos residentes en Jerusalén y el mundo greco romano de la época.
Por ello, resulta comprensible que Jesús hable posteriormente, en los versículos que hemos leído hoy (vv. 26-28), de que después de las calamidades sociales anunciadas vendrán cataclismos cósmicos y entonces deberán alzar la cabeza porque “se acerca la liberación”.
En una perspectiva no tan ligada a la caída de Jerusalén algunos manuscritos griegos antiguos ofrecen la variante “redención”, por tanto se leería: “levanten la cabeza porque se acerca su redención”.
El traductor de la Biblia de Jerusalén nos remite a la literatura paulina en la carta a los Romanos (Rm 3,24) donde el apóstol dice: “estos son justificados gratuitamente en virtud de la redención operada en Cristo Jesús”.
Pero la liberación de la que Jesús habla no solamente mira a un acto jurídico social, sino a la liberación total del mal de este mundo.
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