Abraham Flores
La señora estaba esperando cruzar la calle. Llevaba una bolsa de pan en las manos en la otra su bastón. Todos los autos pasaban saltando el tope, ninguno se detenía, todos parecían llevar prisa.
La señora era un fantasma, invisible, no estorbaba. Resignada a esperar a que no pasara un solo coche o a que algunos se detuvieran para darle el paso, y eso sí, con celeridad para ser agradecida ante tan inusual magnanimidad.
Pero ¿por qué se detuvo? ¿es acaso un signo de civilidad? Aún más, de ¿generoso reconocimiento de su presencia? ¿del derecho a cruzar la calle? ¿qué poder se tiene como conductor ante el potencial cruce de un peatón?
Andar los caminos a pie o en cualquier vehículo implica siempre un cruce de presencias, donde la calle, la banqueta, la vereda se comparten. Y es necesario reconocer esa presencia, como aquellos en Emaús, para ceder el paso, detenerme y permitir que el otro avance.
Cultivar la cortesía, la civilidad y la capacidad de encontrarse para que fluya la armonía en la ciudad, es un signo del Reino que está en nuestras manos brindar a los demás.
La próxima vez que tomemos el volante recordemos mirar los cruces, allí estará aquél hombre con su hija, los chamacos de la secundaria o tal vez, aquella señora con su bolsa de pan queriendo atravesar la calle. Un poco de tiempo para dejarlos pasar y así sembrar humanidad en nuestra ciudad.
Más artículos del autor: El barrio de Elvis
*Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad de sus autores.
Lecturas y el Evangelio que corresponden al 13 de abril 2024, fecha del Jueves Santo…
El rancho de Izaguirre en Teuchitlán Jalisco es solamente un botón de muestra de lo…
Un Cristo monumental tallado en cartón y unicel, que mide 18 metros de altura por…
Dios es el que regala la semilla de la esperanza, pues Él acompaña y enseña.…
La película Rabbuní narra la experiencia espiritual de un grupo de mujeres durante un taller…
Levántate de tus tropezones y échale ganas a esta recta final antes de Semana Santa
Esta web usa cookies.