Alberto Quiroga
Estamos a pocos días del fin de este año civil. Cada término de ciclo inevitablemente se acompaña por una serie de reflexiones. Lo que deja el periodo que termina y lo que esperamos del que inicia.
Cada nuevo comienzo viene con el optimismo de esperar cosas buenas para lo que viene, sin embargo, sí somos honestos, la mayoría de nuestros propósitos para el año entrante muy probablemente no pasarán de ser buenos deseos y esto lo sabemos por experiencia. Año con año hacemos propósitos de cambiar y en muchos casos se han quedado en el simple deseo sin volverse realidad.
Una vez hablé en público de este tema y proyecté una imagen con los propósitos más comunes: Bajar de peso, dejar de fumar, etc.
Una persona del público me pidió si se la podía compartir, para evitarle el trabajo de redactar sus propios compromisos: “Al fin y al cabo no los voy a cumplir” me dijo entre broma y cinismo.
Entre las razones por las que las intenciones de cambio se quedan solamente en eso, está que no nos tomamos lo suficientemente en serio. Siempre confiamos que más adelante tendremos la oportunidad de cambiar: Por el momento, no hay problema si seguimos igual.
Como consecuencia de esta forma de pensar, acabamos un ciclo arrastrando los mismos defectos que en los ciclos anteriores.
Estamos en Adviento, tiempo de preparación y reflexión. Si queremos realmente cambiar este es el momento adecuado. Aprovechemos este momento, no esperemos al siguiente ciclo, pues nunca hay garantía de poderlo vivir.
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