Columna invitada

San José: ‘presidente’ y ‘residente’

LA DIFERENCIA ENTRE la palabra “presidente” y la palabra “residente” es solamente la inicial, es decir, la “p”, pero la diferencia en el significado de ambos vocablos es mucho mayor: el que preside va a la cabeza, dirige y conduce, conoce origen, destino y ruta, sabe de los medios y los riesgos así como de las estrategias y oportunidades; por su parte, al residente le basta con ocupar un sitio, llegar al lugar, tal vez que pueda pasar lista y ya…

LOS QUE SOMOS malpensados casi siempre lo hacemos en automático: pensamos mal y ya (como el residente); los que queremos ser bien pensados hemos de estudiar el caso, conocer la situación, analizar las opciones, escoger la mejor, considerar imprevistos, calcular costos, prever ganancias, evitar pérdidas y perdidas, o sea: ser bienpensante tiene su chiste, como el que sí sabe presidir y no solo residir…

JOSÉ DE NAZARET residió brevemente -cumpliendo como ciudadano- en Belén, luego se fue a Egipto para residir allá –como extranjero- por varios años, y finalmente se estableció en Nazaret, donde residió como carpintero; y si buscamos lo más propio y peculiar de José toparemos conque presidió a su familia en Belén, en Egipto, en Nazaret y donde quiera que anduvo: fue cabeza y protector, fue guía y seguridad para María y su hijo, Jesús; supo presidir como Dios manda y pudo residir según su circunstancia…

YENDO Y VINIENDO de Galilea a Judea, de Cafarnaúm a Samaria, de Jericó a Caná, pasando por Betania y Emaús, o hasta Sidón y Cesarea de Filipo, y ante la pretensión de aquel escriba que lo quería seguir por doquier, Jesús bien pudo afirmar que “el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza” (Mt 8,20), es decir, no quiere ser residente de sitio alguno…

EN EL MONTE TABOR y ante la presencia de -¡maravillosa!- de Moisés y Elías, el atolondrado Pedro le dice a Jesús que sería muy bueno hacer tres chozas para estar ahí, a gusto, más cómodos, estacionados, y ya no moverse más, pero todo aquello pasa y es necesario bajar, sin hacer residencia ante la maravillosa presencia de ilustres personajes…

PERMÍTEME QUE VUELVA al primer personaje que mencioné porque hoy también lo celebramos como obrero que fue, o artesano, o trabajador, o productor, o empresario, o como quieras considerar al que ganó el pan cotidiano con el sudor de su frente, con la habilidad de sus manos, con su servicio calificado a los demás, y siempre amparado en la Providencia Divina: José de Nazaret…

JOSÉ: NO DUDES en recibir en tu casa a María –le dijo el Ángel del Señor-, pero casi que yo alcanzo a entender “no dudes en presidir”, es decir, en hacer cabeza, en acoger y proteger; luego José recibe la orden de tomar al Niño y a su Madre para huir a Egipto, pero casi que yo alcanzo a entender “no te estaciones, avanza, ¡abre camino y ve a la cabeza!”; y pasado el tiempo nuevamente recibe la orden de regresar a Israel porque han muerto los que querían matar al Niño, pero yo casi que alcanzo a entender: “¡ánimo, sigue presidiendo a tu familia, continúa andando peregrino-caminante-obediente”…

EN EL ZOOLÓGICO residen los animales en cautiverio, en la cárcel –presos- tienen su residencia quienes deben purgar una condena, ahora se llaman residencias lo que antes llamábamos asilos y terminaba por no gustarnos el nombre: residimos en una casa, mansión o palacio y se nos olvida que ante Dios siempre somos peregrinos, caminantes, que nuestra patria no está en este suelo por más decoraciones que le podamos poner…

SIGO PENSANDO en José de Nazaret porque me ha ayudado tantas y tantas veces a mirar más allá de las ridículas seguridades y comodidades que se antojan facilonas, rapiditas y bonitas, sigo pensando en José el carpintero porque supo presidir una familia más que residir en un hogar, porque se las arregló para ir a la cabeza -a pesar de dificultades- confiando en la voz de Dios y no se apoltronó en sus meros pensamientos que le hubieran dejado estacionado, anquilosado, engarrotado…

AHÍ VEO A JOSÉ –jefe de familia- enseñándole a Jesús adolescente el valor de la iniciativa, la belleza del trabajo, lo emocionante del riesgo, lo difícil de avanzar cuando todo está en contra; sigo viendo a José -esposo de María- venciendo la tentación de quedar sólo como residente de un sitio o una comodidad, y asumiendo su tarea al presidir una familia hasta el momento en que ya no debe aparecer más, en que debe dejar su presidencia porque –como dijo Juan el Bautista- el que viene detrás es mayor que él; termino con un pensamiento al vapor y tal vez medio crudo: no te resignes a residir en tu cuerpo, más bien anímate a presidir tu existencia…

 

P. Eduardo Lozano

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