EL VERBO DIVINO /camina al suplicio, /bajo el sacrificio /ofrece su amor”; así inicia un cántico propio de Cuaresma y Semana Santa, originario y tradicional de San Miguel de Allende, y viene a mi memoria –una vez más- después de casi cincuenta años de haberlo escuchado por primera vez, en mis años mozos…

CAMINA AGOBIADO /por crueles tormentos, /sus pasos son lentos, /atroz su dolor”; así continúa y comparto mis recuerdos porque en tales versos también veo el reflejo de tantos hombres y mujeres que caminan por la vida ofreciendo con generosidad su amor en el servicio y la entrega, en la fidelidad y la amistad, con sus habilidades y su paciencia, de modo que no siendo más que simples mortales, así reflejan al Verbo Divino…

CAMINA, ALMA MÍA, /siguiendo sus pasos /y toma en tus brazos /su cruz, ¡con amor!”; así la invitación llana y directa para que el camino del calvario no se quede solo en mero recuerdo y devoción, sino que se plasme en el trajín cotidiano y ante las necesidades de quienes nos rodean; en efecto, abrazamos la cruz de Jesús cuando asumimos nuestras tareas con amor…

VEO NOTICIAS QUE vienen del otro lado del mundo y parece que se inicia ya la quinta ola de la pandemia que nos ha movido el tapete y el piso completo; tales noticias –y otras que podrían ser peores- son ocasión para ponernos alerta y mantenernos en guardia, y no para angustiarse y apanicarse como si la raza humana fuera novata en este bellísimo mundo que nos tocó habitar…

BELLAS NOTICIAS también llegan afirmando que los chamacos menores a siete años son quienes están desarrollando sistemas de inmunidad mayores y mejores; tales investigaciones vienen a constatar que la vida está hecha para vivir, que por más agentes patógenos, bacterias, bichos, virus, microorganismos que llegasen a afectar a la humanidad, también tendremos –endógenas o exógenas- soluciones para enfrentarlos y superarlos…

ARQUEÓLOGOS E HISTORIADORES dan cuenta de tantas epidemias y calamidades que han asolado y diezmado a grupos y/o culturas, entre ellos –y para no ir tan lejos- recuerdo haber estudiado que los mayas ciertamente sufrieron alguna epidemia o fuerte sequía y entonces vino su declive; algo parecido sucedió con varios pueblos de lo que conocemos como Asia Menor, entre ellos los tracios y los fenicios…

ENTRE QUE SI SON PERAS o son manzanas, lo importante es que seguimos vivos y uno de los factores que muuuucho benefician a la raza humana, es el mestizaje 🙂 y aquí incluyo una carita sonriente porque mientras hay quienes abogan por alguna cuestión de pureza racial, las evidencias marcan que la combinación de características genéticas va colaborando para hacer frente eficaz a enfermedades y a mejorar los sistemas defensivos y las capacidades de adaptación…

COMO ACROBACIA MENTAL rápido aplico estos argumentos a cuestiones sociales y políticas, también a aficiones deportivas y gustos culinarios, o también –si me permites, amable lector- a temas artísticos y filiaciones culturales; quiero decir: en la medida en que vamos retomando y asumiendo valores e ideales de diversa índole, podremos enriquecer lo que somos y queremos…

¡HEY!, MUCHO CUIDADO, porque así como hay lugares en donde la variedad es una riqueza, también hay cuestiones en donde es necesario mantener principios y normas que son irremplazables, insustituibles y esenciales, pues forman parte de nuestra naturaleza, de nuestra identidad o nuestra convicción…

Y VUELVO A LOS VERSOS del cántico conque hoy inicié para subrayar un par de palabras: cruz y amor; lejos –muuuuy lejos- debe quedar el concepto “cruz” como castigo o muerte (¡sí que lo fue!) y más bien hemos de entenderlo como entrega y donación, pues si Jesús hubiera quedado solo como ajusticiado, la cruz no pasaría de ser patíbulo…

TAMBIÉN MUY LEJOS debemos quedarnos de tomar la palabra “amor” como si se redujera a una emoción y sensación agradable, pues el auténtico amor siempre está en construcción de lo importante y permanente, de lo que nos hace más humanos y –a la postre- más divinos…

EN LA QUINTA SEMANA de cuaresma –que hoy está iniciando- te sugiero que redobles tu atención en la práctica de las obras de misericordia, que finalmente son los más bellos modos de tomar con amor la cruz de Cristo y seguirlo hasta la entrega y la donación total; y si me permites (¿otra vez?) diré que cuando ejercitamos las obras de misericordia se produce un sabroso mestizaje en donde terminamos por identificarnos todos como hijos de Dios, y no de tal partido, de fulana nacionalidad, de zutana raza, o de perengana ideología; y con tal especial “mestizaje”, ¡tendremos humanidad para buen rato!…

P. Eduardo Lozano

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