Marcela Hernández
“Yo no tengo alma de mártir”, solía ser una de mis frases típicas en los momentos de conflicto. Hablaba desde la soberbia para confirmarme “fuerte” ante las adversidades. Hoy, con una consciencia distinta, gracias a Dios, creo justamente lo contrario: ya quisiera yo tener el alma de un mártir para aprenderles lo que es la verdadera fortaleza.
Aquella fortaleza que se mantiene y crece a pesar de experimentar sufrimientos y humillaciones, la que aún en medio del más grande dolor, ya sea físico, mental y/o emocional, permanece congruente con sus valores e ideales a pesar de las provocaciones hostiles de su entorno.
El sufrimiento y la adversidad no son opcionales, la vida los incluye como una parte elemental, sin embargo, sí tenemos la libertad de elegir entre la fortaleza y la debilidad.
Cualquiera diría que la respuesta es sencilla. ¿Quién en su sano juicio optaría por la debilidad? Y, sin embargo, la mayoría de las veces, sin darnos cuenta, tomamos ese camino, no por falta de inteligencia, sí, quizá, por falta de consciencia sobre lo que realmente significa ser fuerte.
Es común que confundamos la fortaleza con la rudeza y la paciencia con la pasividad. Creemos que ser pacientes es sinónimo de ser “pazguatos” y optamos por ir al lado opuesto, actuando no con fortaleza, sino con brutalidad, arrasando con todo lo que está a nuestro alrededor, incluso con nosotros mismos.
Santo Tomas de Aquino nos enseña que la fortaleza actúa en dos vías, una para sostener y otra para impulsar. La primera para perseverar con ánimo y firmeza ante las adversidades y la segunda para buscar hacer el bien aún en medio de las peores circunstancias.
Otros artículos de la autora: 3 lecciones de San Pablo para superar el sufrimiento
1. Valentía
No permitamos que el miedo a la crítica de los demás nos impida defender nuestros valores y realizar el bien. Tomemos ejemplo de los mártires para mantenernos firmes ante el juicio de sus adversarios y dejémonos consolar por la confianza y la alegría de servir a una causa mayor.
2. Audacia
Entre el miedo que paraliza y la inconsciencia que nos lleva a la irresponsabilidad, se encuentra la audacia. Ser audaz ante las amenazas significara discernir (entender lo que Dios quiere de nosotros) para elegir la justicia por encima de todo. La audacia antepone el bien común al bienestar individual y actúa con honestidad asumiendo las consecuencias de sus actos.
“Pedir gracia a nuestro Señor para que no sea sordo a su llamamiento, sino presto y diligente para cumplir su santísima voluntad”. San Ignacio de Loyola.
3. Paciencia
Contrario a lo que muchos pueden pensar, ser paciente no es quedarse sentado a esperar, la paciencia nos demanda acciones para cambiar la situación en la medida de nuestras posibilidades, sin forzar las cosas, pero actuando siempre por mejorarlas.
El verdadero valor de la paciencia se encuentra más en el cómo vivo las circunstancias, que en el que hago para cambiarlas. ¿Vivo mis adversidades desde la paz que me brinda la confianza en Dios o desde la desesperación que conlleva un concepto erróneo de autosuficiencia?
“No te quejes. Eso demuestra un descontento con la voluntad de Dios en el momento presente. Eso también es prueba de impaciencia”. San Martín de Porres.
4. Perseverancia
Resistir los males y dificultades de modo que no nos lleven a la tristeza. En este punto interviene esa fuerza que nos mantiene en el camino y nos conserva firmes y dispuestos a seguir, por mucho que sea el cansancio, la desesperación y las ganas de tirar la toalla.
La práctica de estas 4 virtudes nos ayudará a relacionarnos de un modo más sano y fructífero con el dolor y el sufrimiento, permitiéndonos capitalizar los momentos de adversidad para convertirlos en un triunfo personal que vivimos desde una postura de paz y confianza absoluta en la mano de Dios y su gracia para sobrellevar las batallas.
¿Quién es Marcela Hernández?
Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Valle de México y está certificada como Coach Ontológico por parte del Tecnológico de Monterrey CEM. También tiene una especialidad en Logoterapia por parte del Instituto Mexicano de Tanatología. Instructor y facilitador en temas de desarrollo humano y empresarial, tales como: Sentido de Vida y Trabajo, Inteligencia emocional, Liderazgo, Coaching, Comunicación Asertiva, entre otros. Actualmente es Socia Fundadora de Sensum, empresa especializada en estrategias de sentido para empresas y personas.
Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.
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