AYER: El 13 de agosto desembarcaron en la Villa Rica de la Vera Cruz y se trasladaron inmediatamente a Tenochtitlán, a donde llegarían a finales del mes o inicios de septiembre de hace 500 años, en 1523. Juan de Tecto, Juan de Aora y Pedro de Gante, frailes franciscanos, contemplaron la ciudad hecha una ruina, muerte y desolación por doquier; y aunque se había iniciado la construcción de lo que sería la capital de la Nueva España, fue necesario que se alojaran en Texcoco por tres años y medio, hasta que existiera lugar habitable, que lo fue el Convento de San Francisco el Grande, en lo que hoy es la calle de Madero. Los dos “juanes” pronto murieron, pero Fray Pedro de Gante se hizo tan nuestro, que su dominio de la lengua náhuatl le redituó frutos preciosos en su labor evangelizadora.

HOY: La Ciudad de México conserva muy poco de lo construido antes y luego de la conquista. Es una urbe visitada por tantos turistas y anhelada por más provincianos. Hay ofertas laborales, educativas, culturales, artísticas, pero también hay inseguridad, crimen, aislamiento e indiferencia no obstante las facilidades en conectividad y comunicación; en temas como el abasto de agua o la contaminación casi permanecemos en puntos de alto riesgo. Y en lo que se refiere a crecimiento en valores y principios religiosos, lo superficial e inútil de la abundante superstición y una religiosidad convenenciera nos llevan a constatar cuánta necesidad tenemos del sentido común y del Evangelio más claro y directo.

SIEMPRE: La tarea de la evangelización no tendrá conclusión. Es un trabajo de todos los días y en todos los ambientes. Es labor que va mucho más allá de un esquema escolarizado de adoctrinamiento o de la divulgación de meros datos que abarroten las redes sociales produciendo “likes” superficiales. Sin duda hace falta un trabajo en donde se involucre más el corazón y la entrega generosa que la mera utilización de herramientas por muy novedosas y atractivas que sean. Mucho nos puede enseñar Fray Pedro de Gante para seguir evangelizando nuestra ciudad.

P. Eduardo Lozano

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